Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 32: El fin. Mi fin.

jueves, 3 de marzo de 2011


Aquellos seres se acercaban a mí, sus rostros deformados y llenos de cicatrices irradiaban la diversión que sentían por matarme. Hice frente, no podía correr, me seguirían y no podía guiarlos hacia la cueva, así que apreté mi mano alrededor de la madera de la flecha, uno de ellos se abalanzó sobre mí al momento que alcé la flecha, su rostro quedó con la expresión de una asquerosa sonrisa y sus ojos se llenaron del más puro vacio por un momento, de pronto se volvió una pila de cenizas.
EL otro emitió un chillido y saltó hacia mí, intenté saltar pero me tomó de las piernas haciendo que ambos rodáramos por el suelo, zafé una de mis piernas y le golpeé con tanta fuerza como pude un par de veces hasta que soltó mi pierna, me levanté sobre él y cerré mis ojos antes de hundir la flecha en su pecho donde debería haber un corazón.
Esta vez no esperé que se hiciera cenizas, simplemente dejé la flecha allí y corrí, corrí con todas mis fuerzas buscando a Emma.
-          ¡Emma! Por Dios… ¡Emma ¿Dónde demonios estás?!- Dije por lo bajo. Lo menos que quería era más compañía.- ¡Emma!
-          Ch-Chelsea... ¿Chelsea, eres tú?- Escuchar la voz de mi amiga me hacía sentir un cálido alivio.
-          Emma ¿dónde estás?
Se asomó desde detrás de un arbusto, haciendo señas para que me acercara.
-          Oh por Dios, Emma… Pensé, pensé que tú estabas…- Mi voz se quebró antes de poder decir más. Ella me abrazó y lloró sobre mi hombro.
-          Chelse, tenía muchísimo miedo. No sé qué es esto… ellos me preguntaban muchas cosas…
-          Vamos Emma, no podemos quedarnos aquí, tranquila… estaremos bien.
O eso pensaba…
Extendí mi mano hacia ella y nos levantamos, caminando por entre los árboles por el camino que había trazado mentalmente, llegaríamos hasta la cueva y estaríamos a salvo. Miraba hacia los lados y estaba muy nerviosa, íbamos más lento de lo que esperé pero Emma no podía moverse más rápido así que intenté escondernos aún más, sin embargo no funcionó. De pronto choqué contra algo… o alguien, alcé la mirada y me encontré con los ojos más temibles que había visto jamás. En ese momento, supe que estaba perdida.

// ALEXANDER POV.//

“¡Chelsea, ella no está!” escuchaba las palabras de Sussane dentro de mi cabeza una y otra vez. Estaba molesto, estaba iracundo, estaba desesperado y preocupado. La habían dejado sola, se los había advertido y sin importar eso la habían dejado sin protección en aquel lugar. Era imposible que los trasgos se la hubiesen llevado, si bien nuestros poderes no funcionaban a la perfección en el mundo subterráneo, habíamos puesto nuestras mejores protecciones en un radio de un kilómetro a la redonda alrededor de aquella cueva. Además yo conocía a Chelsea mejor que nadie,  se había ido por su propia cuenta y ahora podía estar en peligro.
-          ¡Alejandro! ¿A dónde vas?- Preguntó Elliot. Ignoré su pregunta y corrí tan rápido como pude. Subiría a la cueva y desde allí la buscaría.
Iba en ascenso pensando en los miles de caminos que pudo tomar Chelsea, sin embargo no fue necesario, aunque hubiese deseado llegar a la cueva y encontrarla allí. En lugar de eso observé lo que me había temido desde que escuché las palabras de Sussane.
A unos veinte metros de mí se encontraba Emma, que miraba espantada a Chelsea y a la vez a Brontë. Él rió ante la mirada aterrorizada de Chelsea y en ese momento todo a mí alrededor transcurrió lentamente.
Brontë sacó su espada y apuntó con ella al corazón de Emma… Chelsea saltó y se interpuso de un salto… la espada atravesó su pecho fuerte y rápida… ¡NO!
-          ¡NO, CHELSEA! ¡NO!- grité con fuerza, la rabia se apoderó de mí de un modo que nunca había sucedido. Brontë giró con una sonrisa burlona en sus labios. Chelsea había caído al suelo y Emma gritaba desesperada.
Empuñé mi espada, apretándola con fuerza y dirigiendo un golpe fiero y certero al cuello de Brontë. Quería venganza, quería destrozarlo, quería revivirla… no quería perderla. La hoja de mi espada cortó limpiamente en la base de su cuello, rozando su hombro derecho y luego el izquierdo de un solo tajo. Grité todos los mantras que conocía, quería causarle dolor, tanto dolor como el que el acababa de causarme a mí y a ella. Mi espada se clavaba frenéticamente en su cuerpo. Él era un demonio, el peor en toda su clase y había pocas maneras de destruirlo. Sin embargo estaba dispuesto a intentarlas todas y cada una. Su cuerpo estaba inerte y emanaba un líquido negro y pegajoso. De pronto se convirtió en un montón de cenizas y desapareció sin más.
Observé el lugar que había ocupado Brontë un par de segundos antes de volver en mí. Chelsea
Me abalancé hacia donde estaba ella. Emma lloraba escandalosamente aferrada al rostro de Chelsea. Observé su rostro, una lágrima brillante como un diamante surcaba su mejilla, y una gota de sangre se resbalaba desde sus labios hasta su mentón. No era consciente de que lloraba sino hasta que ella levantó una de sus manos temblorosas y la posó sobre mi mejilla.
-          A-lex…- dijo con un gran esfuerzo. Su voz era entrecortada y sus ojos estaba llenos de lágrimas, sin embargo en sus labios había una sonrisa dibujada.
-          Shhh… No Chelse, no hables… por favor.- supliqué.- Saldremos de esta.. ya vas a ver yo…
-          Te Amo.- dijo haciéndome callar.
-          Yo también Chelse, eres lo único que me importa. Lo único que amo… por favor.
Ella sonrió, la sonrisa más dulce que pude haber visto alguna vez.  De pronto sus ojos perdieron su luz, y su mano se resbaló de mi rostro chocando contra la fría tierra. Su corazón dejó de latir y su cuerpo se relajó entre mis brazos.
¡NO!
Sentí un par de manos que sujetaban mis hombros y me quitaban a Chelse.
Escuchaba voces, pero nada tenía sentido, no podía entender nada. Escuchaba gritos y llanto, pero nada tenía importancia, no me importaba nada.

Alexander, Vuelve. ¿Dónde está Brontë?” La voz de los Antiguos resonaba en mi cabeza. Haciendo que todo poco a poco volviese a mí.
Diane y Elliot estaban junto al cuerpo de Chelsea, Diane se sacudía fuertemente entre los brazos de su esposo quien lloraba en silencio.
-          Brontë. Brontë está muerto.- Dije levantándome.- Él no pudo llevársela. No lo dejé.
Adrián estaba a mi lado, apretó mi hombro con su mano y me miró fijamente.
-          Hiciste lo que pudiste Alejandro.
-          No, si hubiese hecho todo ella no estaría allí.- casi grité señalando el cuerpo de Chelsea.- Pero ahora si lo haré.
-          ¿estás seguro Alejandro?- Dijo Adrián preocupado.
-          La Amo Adrián. No puedo dejar que muera y quedarme de brazos cruzados.
-          Aunque eso te cueste…
-          ¡CUESTE LO QUE CUESTE!- grité interrumpiéndole.
Me acerqué al cuerpo de Chelsea y la levanté en mis brazos alejándola de la multitud. La batalla había acabado. Todos abrieron el paso para que yo pasara. Caminé varios metros y la coloqué en el suelo con cuidado. Saqué la espada de Brontë de su pecho y la arrojé tan lejos como pude. Rápidamente saqué un puñal que cargaba en mi cinturón, recordé las palabras exactas mientras apretaba la empuñadura de mármol de aquella antigua pieza seráfica. Suavemente cubrí la hoja con mi mano y la deslicé fuertemente haciendo un corte largo y profundo. Dejé caer mi sangre en su herida y que una gota resbalara entre sus labios.
“אני נותנת את חיי בשבילה”… Yo, doy mi vida por ella.
“להקריב את האנושיות שלי על חייו”… Sacrifico mi humanidad por su vida.
“על פי רצוני ואת הרצון האלוהי”… De acuerdo con mi voluntad y la voluntad divina.

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// CHELSEA POV //
Mis párpados pesaban muchísimo, impidiéndome abrir los ojos, poco a poco lo iba intentando. Dejando colar luz entre mis pestañas. Me desperecé estirando mis brazos y piernas y me incorporé de un salto al recordarlo todo. Estaba en mi cama, el sol brillaba afuera y una suave brisa levantaba las cortinas, salté fuera del edredón completamente aturdida. Mi estómago rugió y todo me daba vueltas.
¿Qué sucedió? ¿Brontë? ¿Mamá y papá? ¿Alexander, Dónde está Alexander?
Giré revisando mi habitación, todo estaba exactamente igual. Mi bolsa estaba colgando de la silla de que estaba frente al escritorio. Caminé hacia la ventana y eché un vistazo al porche. El auto estaba estacionado allí.
Todo giraba, estaba muy confundida. Caminé hacia la puerta confundida y salí. Bajé a la cocina tratando de ser lo más sigilosa posible, me detuve junto al marco de la puerta esperando oír algo, cualquier cosa.
Una risa rompió mi hilo de pensamientos haciéndome saltar. Era la de mi madre, escuché la voz de papá y el crujir de las hojas del diario. Entré confusa y me senté a la mesa con ellos.
-          Nos preguntábamos cuándo despertarías.- dijo papá con una sonrisa. Lo miré confundida y luego a mamá que sólo sonreía. 
-          Esta noche no podrás dormir nada, y mañana tienes escuela.- dijo mamá.
Ok, esto cada vez se hace más terrorífico, ¿Por qué actúan como si nada?
-          ¿Mamá que te paso allí?- pregunté tratando de irme por lo seguro al señalar un corte en su brazo.
-          Oh, me corte quitando unos marcos que tu padre dejó en medio del salón querida, uno aún tenía clavos sobresalientes.- La volví a mirar aturdida, sin embargo me decidí a dejarlo todo así, por ahora.
Esa noche cenamos como de costumbre y lavé los trastes, vimos televisión hasta las nueve y subimos a dormir.
Ni siquiera me molesté en colocarme un pijama limpio, solo me metí a la cama. Sin embargo sentí un pequeño peso sobre mi pecho. Me incorporé de inmediato y revisé. Una pequeña cadena de plata estaba alrededor de mi cuello sosteniendo un dije con una enorme piedra negra. ¡TODO HABÍA PASADO!
En ese instante mi padre entró a la habitación, tenía su pijama colocado y el característico olor a menta que lo distinguía, se acercó a mi cama a darme las buenas noches, me dio un beso en la frente y caminó hacia la puerta.
-          Papá…
-          ¿Si, cariño?- dijo volteándose suavemente. Le enseñé el dije que colgaba de mi cuello y apunté con mi dedo, él se limitó a sonreír y guiñar un ojo.- La verdad, no sabría explicarlo todo.- dijo y cerró la puerta tras de sí.

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