Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 30: Partida

martes, 1 de marzo de 2011


Aquel lugar estaba atestado, cientos de personas estaban organizándose frente al templo. Algunos vestían con armaduras y mallas de acero, otros por el contrario, sólo tenían túnicas ligeras y sandalias. Los miré anonadada imaginándome a aquellos seres de inexorable belleza luchando a muerte contra los trasgos. Todos estaban armados, algunos llevaban espadas y escudos, otros arcos y flechas, sin embargo escondían una fiereza pura y un espíritu indomable que se revelaba en sus miradas fijas en… mi.
Tiré nerviosamente de la ropa de Alexander.
-          Alexander ¿qué haremos ahora?- Susurré.
-          Yo debo ir a alistarme. Tu deberías ir a comer algo, ven te llevaré al comedor. Tal vez tus padres estén allí.
Asentí, cualquier sitio era mejor que estar de pie frente a todas aquellas personas con sus vistas fijas en mí. El comedor estaba vacío y a pesar de que me imaginaba que mis padres no estarían allí debo admitir que me desilusioné un poco al no verlos sentado a la mesa. Alexander echó un vistazo alrededor de la amplia sala y soltó mi mano.
-          Chelse, debo ir ahora. Cena y espérame aquí por lo que más quieras.
Volví a asentir, aunque tanto él como yo sabíamos que era una promesa con muy pocas esperanzas de ser cumplida.
Alexander desapareció detrás de una esquina y yo entré al comedor cerrando la puerta detrás de mí, cuando volteé hacia la mesa pude ver como por arte de magia había un enorme plato repleto de comida, un vaso de cristal y una jarra llena de un líquido amarillento. Me senté frente a todo aquello y comí rápidamente. Aquel líquido debía ser el jugo de otra extraña fruta que sólo crecía en el mundo superior, estaba dulce y helado y su textura era muy suave.
Cuando estuve satisfecha me levanté y abrí con cuidado la puerta, no podía oírse nada, a pesar de que sabía que afuera había cientos de seres superiores alistándose para partir al alba. ¿O…no?
Podían haber partido ya, tal vez se fueron sin más… y Alexander no me había dicho nada para no exponerme. Empujé la puerta y me dirigí a donde estaban las tropas antes, iba a un paso bastante rápido, casi corría. Finalmente los oí.
Me detuve ocultándome detrás de una columna enorme que bordeaba una esquina del templo. No podía verlos muy bien, pero escuchaba cómo aún se alistaban, el chinchinear del metal de las espadas, el sonido de los arcos al tensarse, y finalmente, una de aquella terroríficas voces.
-          Estamos casi listos para partir, las puertas del mundo inferior se abrirán en unas horas. Recuerden que es el territorio de los inferiores, no se confíen en nada, sean invasivos y precavidos. Recuerden que si actúan sin pensar, puede ser lo último que hagan.
Un nudo se formó en mi garganta, era un gran riesgo que ellos estaban tomando por mí, no quería permitirlo pero ya me habían demostrado que no tenía opción. Tal vez era muy cobarde para sacrificarme yo en lugar de toda aquella gente que estaba poniendo en riesgo su vida por la salvación de mi alma.
-          Debemos actuar como uno, siguiendo las estrategias, no tengan compasión de los trasgos, no tengan compasión con ningún ser inferior, pues ellos no la tendrán con ninguno de ustedes, y… lo más importante. Proteger a la chica.
El nudo se apretó aún más. Debía encontrar a mis padres, debía encontrar a Alexander.
El sonido de voces de pronto se convirtió en un murmullo ininteligible. Me asomé curiosa a ver de qué se trataba. Todos aquellos seres tenían los ojos cerrados y las manos entrelazadas sobre sus pechos. Las marcas en sus pieles iban apareciendo y cobrando vida sobre cada uno de sus rasgos, de pronto cada marca emitió un brillo dorado que se apagó rápidamente. Algunos comenzaron a abrir sus ojos y yo volví a mi puesto inicial.
-          Alejandro, busca a la chica.- dijo de nuevo aquella voz.
Eso fue suficiente para que yo me levantase de un salto y corriese hacia el comedor. Sabía que Alexander iba a intentar disuadirlo de aquello, así que me daría un poco de tiempo extra. Llegue al pasillo donde se encontraba el comedor con la respiración entrecortada y las manos heladas.
Me senté frente a la puerta e intenté relajarme y tomar el mayor aspecto de naturalidad que pude. De pronto Alexander apareció en la esquina. Me levanté y el hizo un gesto para que lo siguiese. Las marcas seguían en su piel, tan vivas y vibrantes como nunca antes las había visto, sin embargo, lo que más resaltaba en el era su enorme ceño fruncido. Estaba furibundo, y yo sabía la razón. El no quería que yo estuviese en la batalla, no quería que yo me arriesgase. Finalmente llegamos, mis padres estaban en la primera fila frente a los miembros de la orden superior. Alexander me situó junto a ellos y se colocó a mi lado.
-          Bien, dijo otra de aquellas voces. Me complace saber que por fin Alejandro, has tomado la decisión de obedecer.- aquello hizo que mi estomago diese un vuelco de furia.- Ya todos saben que hacer. A mi señal, comiencen.
Me quedé pensativa, no había monturas ni nada que pudiese llevar a aquellos seres al mundo inferior, y suponía que caminar hacia allá no era una opción. De pronto otro murmullo comenzó a oírse hasta que inundo el aire subiendo cada vez más de volumen. Aquel era diferente, se oía un todo más apresurado y fuerte que me ponía los pelos de punta. Calló de pronto y un sonido extraño sonó secamente. Al voltearme hacia Alexander encontré lo que menos podía esperarme. En su espalda ahora se encontraban un par de enormes alas doradas, estas se abrieron como si estuviesen desperezándose y volvieron a cerrarse.
Rápidamente me giré para ver a cada uno de aquellos seres, todos eran poseedores de un par de alas, algunas doradas y otras blancas como la nieve. Abrí mis ojos de par en par al ver que mis padres poseían un par cada uno. Me sonrieron y mi papá gesticuló un “Genial ¿no?” antes de alzar sus cejas.
Sonreí y asentí. Este mundo cada vez me sorprendía más.
De pronto Alexander tomó mi mano para llamar mi atención.
-          Chelse, ya vamos a partir. Ten.- dijo extendiendo una especie de capa hacia mí.- Ponte eso y sube a mi espalda.
-          ¿QUÉ?- casi grité.- ¿Quieres que suba a tu espalda? Podría las timar tus… tus...
-          No me lastimarás Chelsea, ahora haz lo que te digo.
Me coloqué aquella capa y Alexander metió mi cabello dentro de la capucha que cubría también gran parte de mi rostro. Aquella capa era de un tono bastante similar a las Alas de Alexander. Me subí con cuidado a su espalda, sin saber realmente de dónde sujetarme. Sin embargo apenas la capa entró en contacto con las doradas Alas comenzó a tomar su forma y solidificarse sobre mí.
-          Con que un buen camuflaje.- dije por lo bajo para que solo Alexander pudiese escucharme.
Era como estar en una cápsula de vidrio, podía ver todo lo que pasaba a mí alrededor, pero nadie podía siquiera notar que yo estuviese allí. De pronto algunas tropas comenzaron a avanzar y poco a poco emprendieron el vuelo. Finalmente Alexander lo hizo.
No era como volar sobre mi yegua, apenas podía sentir el suave movimiento de las alas bajo mi cuerpo, el cabello de Alexander estaba peinado hacia atrás y sujeto con una liga, sin embargo el viento lo removía de tal forma que se desordenaba. Comenzamos a subir más y más, podía ver a mis padres a mi derecha, pero me sentía temerosa de observarlos en aquella forma. Cerré mis ojos fuertemente y apoyé mi cabeza sobre la espalda de Alexander. Perdí la noción del tiempo, solo podía sentir las leves sacudidas en cada aleteo hasta que finalmente se detuvieron. Abrí los ojos y levanté la mirada. A simple vista sabía que ya estábamos en el mundo inferior. Nos encontrábamos en una especie de ciénaga oscura, el cielo era inexistente y en su lugar había una especie de nube roja. El lugar tenía un aspecto terrorífico a decir verdad, pero mi cobardía no podía salir a relucir en ese instante así que me armé de valor ahuyentando todo el miedo que comenzaba a invadirme.
Alexander comenzó a caminar seguido de mis padres y otras dos personas que rápidamente identifiqué: Sussane y Adrián.
Comenzaron es ascenso por una especie de ladera que cada vez se hacía más y más empinada, serpenteaban entre los árboles secos y muertos que los enredaban en sus ramas torcidas y espinosas.
Finalmente y luego de varios minutos de caminata, llegamos a una zanja estrecha por donde apenas podía entrar una persona. Alexander me dio instrucciones de bajarme y entrar y así lo hice seguida de cada uno de ellos. Por dentro era una cueva bastante grande y oscura.
-          Chelsea, cariño.- Dijo mi madre rodeándome con sus brazos.
-          Aquí es donde tienes que permanecer.- escuché decir a Sussane.- Adrián y yo haremos turnos para vigilar la entrada, lo menos que necesitamos es que los subterráneos te encuentren.
-          Aunque yo opino que deberíamos ir todos a patear traseros subterráneos, hasta tú.- Dijo Adrián guiñándome un ojo. Yo sonreí y Alexander lo fulminó con una mirada asesina.
-          Tranquilo Alexander. No tomaré su palabra en serio.- Adrián miró burlonamente a Alexander. De todos él era el que permanecía de buen humor y con la risa a flor de piel. Todos salieron dejándome con Alexander.
-          Por favor, quédate acá… es el único lugar donde puedes estar a salvo.- dijo él.

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