Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 29: Preparativos

jueves, 17 de febrero de 2011

Sussane tenía ya varias horas observándonos, a veces con la incredulidad plasmada en su rostro. Hacia un par de horas que estábamos en la acogedora casa de Alexander, él y Adrián mantenían una charla ligera mientras que Sussane se movía de un lado a otro en la cocina. Mi estómago rugió e inmediatamente, ambos chicos voltearon a verme con cierta sorpresa; no pude más que sonreír y ruborizarme. Ellos rieron e inmediatamente llego Sussane con una pequeña bandeja de madera, sobre ella cuatro vasos hechos del mismo material estaban a rebozar de un líquido de color púrpura, además también traía una pequeña fuente repleta de pastelillos. No pude evitar pasar la punta de mi lengua por mis labios al ver aquellos bocadillos con una apariencia deliciosa.
-          Hasta que llegas, Sussane.- dijo Adrián.- el estómago de Chelsea parece que fuese a salir y comernos vivos.
Reí por lo bajo mientras que Sussane colocaba la bandeja sobre la mesa que se hallaba entre nosotros. Alexander rápidamente tendió uno de los vasos a cada uno de nosotros y dio un sorbo al extraño líquido. Lo miré y mis ojos se dirigieron a aquella sustancia purpúrea; tenía el color del más puro jugo de moras, sin embargo su olor era diferente, con un agradable toque dulzón. Lentamente apoyé el vaso sobre mis labios y dejé que un pequeño sorbo de aquel zumo se colora a mi boca.
Era delicioso, su sabor era parecido al zumo de uvas, muy dulce, y sin embargo bastante refrescante. Tomé otro trago saboreando aquel extraño pero agradable líquido y coloqué el vaso sobre la mesa de nuevo.
-          Néctar de Lopp.- dijo Alexander al ver mi expresión, su rostro tenía un semblante que jamás había visto en él; se veía pleno y era notorio que se sentía muy bien en casa.- ¿a que es delicioso?
-          Sí que lo es.- dije con una sonrisa.- nunca lo había probado.
Él asintió con una sonrisa.
-          No es de extrañarse Chelse, esa planta solo crece aquí. Es parecido a un arbusto y sus frutos son grandes y jugosos como un melocotón de los que comen en la tierra.
Dibujé una pequeña “o” con mis labios y él sonrió, desvió su mirada a los panecillos y tomó dos, alcanzándome uno. Lo acepté gustosa y lo mordí sin más. Su sabor era único, nunca había probado nada igual. Era una especie de pasta esponjosa, con un ligero sabor cítrico, cubierta con azúcar pulverizada y en su interior estaba rellena con algún tipo de mermelada de un característico tono amarillento. Era una delicia, mis papilas gustativas gritaron y ante este pensamiento reí ligeramente.
-          ¿Te gusta, Chelsea?- preguntó Sussane, estaba sentada frente a mí y me veía con sus grandes ojos grises.
Asentí enérgicamente con mi boca demasiado repleta para poder hablar; ella sonrió amablemente y pasó una de sus manos por su cabello negro como el azabache.
La tarde pasó sin más; mis nuevos amigos hicieron un millón de preguntas, pidiéndome desde una descripción del mundo del que venía, hasta preguntas acerca de mis padres. El sol se estaba poniendo, aparentaban ser cerca de las cinco o seis de la tarde, aunque a ciencia cierta no tenía la más remota idea de cómo era el sistema horario en el mundo superior; de pronto un sonido ligeramente estridente cruzó el aire; di un salto, sorprendida y mis tres acompañantes lanzaron su vista hacia la ventana. Un pequeño deje de preocupación nubló la felicidad de los ojos de Alexander, mientras que los de Adrián, por su parte brillaron con emoción.
-          ¡Finalmente, eh! – dijo él saltando de su silla. Alexander lo vio con cierto rastro de resignación y él continuó.- ¡Vamos, Alejandro! No seas aguafiestas. Vamos a patear traseros subterráneos.
Sussane lo miró escandalizada y él rió toscamente.
-          Entonces ¿vamos?- dijo ella levantándose con tal gracia que me volví a desplomar en mi silla, me vería aún más patosa frente a ella.
Alexander al parecer se dio cuenta, extendió una de sus manos hacia mí y me levantó con un ligero tirón, su mano fue directamente a mi cintura y depósito un suave beso sobre mi frente; me viré enrojecida, sin embargo ya Adrián y Sussane habían salido a la calle. Sonreí con cierto alivio, sería algo incómodo ver la mirada incrédula y ligeramente recelosa de Sussane. Me volteé rápidamente y besé sus labios fugazmente; él me miró complacido y nos pusimos en marcha, su brazo rodeaba mis hombros y el mío rodeaba su cintura.
Caminamos calle arriba, a un paso ligeramente rápido en dirección a la plaza que había visto cerca d uno de los puentes de madera que cruzaba el río. Cuando por fin pude ubicarla lo que vi me sorprendió. Habría allí más de doscientas personas, ubicadas en perfectas filas, uno justo al lado del otro; Adrián y Sussane se despidieron cordialmente y desaparecieron entre la multitud. Todos estaban en silencio, sin embargo todos los ojos se fijaban en un punto. En mí.
Una gran sensación de incomodidad se apoderó de mi estómago, me escudé de todas aquellas penetrantes miradas detrás de Alexander, él se había detenido justo al final de una fila, y yo me encontraba a su lado.
-          ¿Qué es todo esto Alexander?- pregunté por lo bajo en un siseo apenas audible.
-          Ellos, son los que conforman algunas de las órdenes de este mundo Chelse, la orden superior sólo es una parte; la más poderosa, pero no la única.- dijo él mirándome sin ver. Su vista se posaba en mí por algunos segundos y se desviaba de la multitud al sendero de arboleda que había justo frente a nosotros.- ¡Shhh! Ya viene, debes mantenerte en total silencio Chelse.
Asentí sin entender y clavé la vista en el punto que veía Alexander. De pronto los vi, aquellas siete figuras espectrales, cubiertas con túnicas color ocre flotaban unos centímetros sobre el suelo, moviéndose justo hacia nosotros. El miedo se apoderó de mí de nuevo al evocar los recuerdos de la primera y única vez que había visto aquellos seres.
Cuando llegaron, se situaron justo en el centro, en un lugar donde todos los presentes, sin duda alguna podían apreciarlos. Susurraron palabras ininteligibles y la multitud respondió con otras; de pronto el cuerpo de Alexander comenzó a ser recorrido de nuevo por aquellas líneas oscuras, formando los símbolos y formas que había visto la noche anterior. Lo observé inmóvil, suavemente rocé su brazo con uno de mis dedos, tocando una de aquellas finas marcas que parecían tatuadas en su piel. Él no se inmutó y yo retiré mi mano sin más. Cuando vi alrededor observé que el resto de aquellas personas también tenían aquellas marcas por todos sus cuerpos; algunos tenían símbolos más claros, de un tono rojizo, otros tenían de aquellas líneas por todo su rostro; sin embargo ninguna era igual a otra.
-          Ha llegado el momento guardianes.- dijo una de las voces de ultratumba, esta vez el sonido retumbó entre los árboles.- Brontë está preparado y no sabemos la magnitud ni la fuerza de su ejército. Lo que sabemos es que lo arriesgará todo por conseguirla.- en ese momento era más que obvio que se refería a mí.- No podemos permitir que toque su alma, no podemos correr el riesgo de que se apodere de ella. Hemos decidido otorgar de nuevo sus dones a Diane y Elliot, serán partícipes en la lucha contra los subterráneos, formarán filas de nuevo con los guardianes de la luz.
En ese momento aparecieron mis padres, lucían radiantes; la belleza de mi madre se vio multiplicada e irradiaba una paz infinita, justo como lo hacía Sussane o cualquier otro ser que había tenido el privilegio de observar horas antes. Lo mismo pasaba con mi padre, un aura calmada y hermosa le rodeaba completamente, los veía como extraños; definitivamente no eran los padres que seis meses atrás convivían conmigo en la tierra.
Un escalofrío recorrió mi espalda cuando caí en cuenta del peligro que esto sugería para ellos, lucharían por mí contra los seres subterráneos, podrían morir y todo por mí.
-          La batalla será mañana, al alba.- volvió a hablar la voz de uno de aquellos seres espectrales.- esta noche, los clanes se reunirán en el templo norte. Alineaos al anochecer.
Dicho esto desaparecieron, desvaneciéndose en el aire. Mantuve mi vista clavada durante unos segundos en el punto donde aquellas siete figuras se habían desvanecido.
-          Vamos Chelse, no hay mucho tiempo.- dijo Alexander ásperamente, tomando mi mano con suavidad y tirando de ella hacia las afueras de la villa.
Todos habían comenzado a movilizarse rápidamente, intenté buscar con la vista a mis padres mientras avanzábamos sin ningún fruto, debido a que casi corríamos entre la multitud.
Segundos después estaba montada sobre el lomo del corcel de Alexander, justo detrás de él. Alexander no dijo ni una palabra, su ceño estaba fruncido como si estuviese completamente inmerso en sus pensamientos. Aquella criatura se alzó al vuelo rápidamente, dando aletazos fuertes y violentos, cruzando el cielo a una velocidad bastante alta. Me aferré de Alexander fuertemente, el vértigo se había apoderado de mí.
Luego de unos minutos que se me hicieron eternos las fuertes patas del animal tocaron la tierra. Me bajé de un salto y caí de rodillas sobre el suelo. Alexander me sostuvo y me miró con ojos de preocupación.
-          Chelse, ¿Qué tienes?- dijo con un tono histérico y una especie de miedo delatándose en su voz.
-          N-no es nada Alex, estoy mareada.- dije apretando los ojos fuertemente mientras que todo en mi cabeza y en mi estómago daba vueltas.
Me levanté con cierta dificultad y caminé hacia el lado sur del templo con Alexander a mi lado lanzándome miradas nerviosas.
- Alexander, por el amor de Dios. Deja de mirarme así, estoy bien… sólo fue vértigo.- dije mirándolo a los ojos, sin embargo mi expresión cambió cuando desvié mi mirada.

1 comentarios:

  1. danhy dijo...:

    oh por dios q pasara con chelsea!
    q tiene!
    me encanta q publiques extrañaba mucho esta historia
    plis visita mi blog
    http://lagrimas-de-sangre-danhy.blogspot.com/

    publica pronto

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