Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Decisiones tomadas I

miércoles, 20 de octubre de 2010


Me senté sobre un pequeño muro de mármol y froté mis brazos en busca de un poco de calor, suspiré mientras mi vista se clavaba en las estrellas; sin embargo mi concentración se vio rota cuando un ligero relincho cruzó la apacible noche.

Allí estaba mi nueva Amiga, viéndome con sus grandes y redondos ojos, una veintena de metros hacia mi derecha. Me levanté sin poder evitar sonreír y caminé hacia ella, al llegar alcé mi mano y ella colocó bajo la misma su rostro equino, solté una risita y la acaricié cariñosamente. Ella movió su crin  relucientemente blanca de un modo juguetón y se movió hacia mí, bajando una de sus esplendorosas Alas, invitándome a subir. Le dediqué una larga mirada llena de dunas y ella me respondió golpeando el suelo con sus patas, impaciente.
Me subí sin más y ella comenzó a trotar, al parecer ya mis pensamientos iban a la par de los de ella, porque con un fuerte golpe nos alejamos del suelo, acomodé mis brazos alrededor de su fuerte cuello y cerré mis ojos percibiendo el frio aire de la noche, sin embargo en mi mente solo el nombre de Alexander se reflejada, su sonrisa, su rostro, su cabello… ¿Dónde está? Era le pregunta que rondaba mi mente en cada palpitar de mi corazón. Abrí mis ojos al tiempo que sentí como las Alas de mi compañera se plegaban sobre mis pantorrillas y volvía a desencadenarse aquel terrorífico vuelo en dirección al suelo. Al llegar a la tierra fruncí mi ceño y me bajé de un salto, había desobedecido y roto la conexión sin razón alguna, la miré ceñuda y ella bufó por lo bajo y clavó sus ojos en algo detrás de mí, abrí la boca para decir algo pero la cerré con un resoplido, “Calla Chelsea, no creo que se vea muy cuerdo el gritarle a un caballo” dije para mis adentros; sin embargo, ella insistió moviendo su cabeza en señal de algo. 


Me giré lentamente para encontrarme en una ligera loma, era una especie de claro, rodeado de espeso follaje. Allí, a pocos metros se encontraba nada más ni nada menos que Alexander, mi corazón dio un vuelco de felicidad, quitando la niebla de preocupación que lo rodeaba, estaba sentado con las piernas cruzadas, no parecía percatarse de que yo estaba allí, me acerqué sigilosamente y cuando estuve a un par de metros de distancia aclare mi garganta para anunciarme de algún modo; sin embargo Alexander no pareció siquiera inmutarse con mi presencia. Su mirada estaba perdida y su rostro era completamente inexpresivo, me senté a su lado y lo miré fijamente, mi corazón rebotaba dentro de mi pecho con desaforo.


Coloqué mi mano sobre su antebrazo izquierdo y en su rostro apareció una mueca de dolor, alarmada retiré mi mano  y examiné su rostro antes de dirigir mi mirada al sitio que segundos antes habían ocupado mis dedos; no pude más que asombrarme al ver su piel, un dibujo parecido a alguna runa antigua surcaba su piel que estaba al rojo vivo, en un tomo muy parecido al de la sangre. Mi estómago se hizo un nudo, eso era por mi culpa, era una especie de castigo que le habían infringido por interponerse entre esos seres sumos y yo, por defenderme…

-          Chelse, se que piensas que es tu culpa.- dijo él con voz tranquila, sin embargo no me miraba.- No lo es, no es lo que de seguro estás pensando.

-          Lo es, es alguna especie de… de... castigo por lo de hace un rato.- dije intentando no alterarme.

Él rió, sin embargo la alegría no llenó sus ojos aún llenos de preocupación: aquello desató un mal presentimiento dentro de mi pecho, sin embargo decidí callar.

-          ¿Lo ves? No estás ni cerca.- dijo él.

-          Entonces, ¿no iban a asesinarme?

-          Sí, algunos de ellos lo habían decidido… e iban a hacerlo, sin embargo no todos son tan impulsivos. Chelse, creo que aún no entiendes la importancia de que sigas viva; ellos tampoco lo entendían. Tu muerte, fuese a mano de los subterráneos o a mano nuestra beneficiaría a Brontë.

Tragué saliva para intentar bajar el nudo que se había formado en mi garganta.

-          Estoy convencido de que de algún modo él se haría con tu alma.- Continuó.- No estoy seguro de cómo, pero algo me dice que tiene más movimientos de los que algunos aquí piensan. Ya te había explicado de lo extraña y singular que es tu aura, una mezcla entre “ángeles” como nos llaman en tu mundo, y humano.

-          Sí, lo mencionaste… Pero aún no entiendo qué tan especial es; es decir, es más especial que la de un humano cualquiera, pero no es acaso la de un ángel más poderosa que la mía.

Él volvió a reír. “Por los mil demonios ¿qué rayos le parecía tan gracioso?”

-          Chelse, nosotros somos seres demasiado etéreos, tu conociste en mí sólo una parte tangible que me fue otorgada para poder existir en tu mundo. En mi mundo, en el mundo donde estamos ahora ninguno de los dos tiene un cuerpo físico como en el mundo de los humanos.
Lo miré atónita. Él suspiró y metió una de sus manos en el bolsillo de sus pantalones, sacando un objeto parecido a un objeto de marco dorado.

-          Bien, digamos que es verdad lo que dices; entonces, si estamos aquí de una forma incorpórea ¿Dónde está mi cuerpo?- No podía creer que estuviese diciendo aquello.

-          Pues, aquí… no podíamos correr el riesgo de dejarlo en la tierra, dónde de seguro hay más de un subterráneo buscándolo.

-          Entonces estoy aquí, pero… ¿y mis padres? ¿Y Emma, su cuerpo también está en la tierra?- Pregunté, por un lado preocupada y por el otro esperanzada, mi amiga podría aún estar viva.
-          Eso es lo que quiero enseñarte.- dicho aquello rodeó aquél objeto circular con sus dedos y cerró los ojos fuertemente.

Lo miré intrigada y luego a aquel raro artefacto, sin embargo algo llamó mi atención: El cristal convexo que se hallaba en el centro comenzó a nublarse tomando un color grisáceo. De pronto una imagen comenzó a formarse, allí pude ver el claro del bosque al que llegamos días atrás, el último lugar donde recuerdo haber estado en mi mundo, sin embargo algo llamó mi atención. Esperé que la imagen se hiciese más nítida para reconocer dos bultos en el suelo; ahogué un grito al darme cuenta que eran los cuerpos de mis padres.

-          ¡No, no… no puede ser! Ellos… ellos están aquí, acabo de estar con ellos, p-pero…- balbuceé mientras que mis palabras se atropellaban.

-          Chelse, te dije que no podía traer mortales al mundo superior; tus padres estaban conscientes de eso… tu me ayudaste muchísimo, te agotaste a ti misma dándome gran parte de tus energías, pero aún así no pude elevar su parte física. Gran parte de mi fuerza la usé para traerte a ti.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

-          No Chelse, no llores… tranquila, ellos estarán bien. Un enviado está protegiéndolos en la tierra, nadie los lastimará.- Quería creer lo que me decía, pero una parte de mí estaba muy consternada para dejar de pensar que aquellas palabras solo eran pronunciadas para tranquilizarme. Tragué saliva y respiré profundo.

-          Entonces, cuando volvamos a la tierra, ¿ellos estarán bien?

-          Te lo prometo.- contestó antes de besar mi frente.

Me lancé hacia él y rodeé su cuello con mis brazos, el acarició mi cabello y mi espalda y besó mi cabello incontables veces. De pronto el recuerdo de su brazo lastimado volvió a mi cabeza, me alejé solo un poco de él, a una distancia a la que podía observar sus ojos sin dejar de sentir la calidez que emitía su cuerpo.

-          Entonces, si esas marcas en tus brazos no son un castigo ¿Qué rayos son? – pregunté frunciendo el ceño ligeramente.

Él miró su antebrazo y luego dirigió su mirada a mi rostro.

-          Son una especie de dones, o poderes… como quieras llamarlos, nos dan ventajas y aumentan ciertas características que los de nuestro tipo deben poseer.

Hice una pequeña “o” con mis labios y él me miró.

-          No tienes ni idea, ¿verdad? – reí por lo bajo y negué con la cabeza.- observa.

Alexander suspiró y volvió a cerrar los ojos, como buscando concentración. Sus puños se cerraron y su rostro volvió a aquel modo inexpresivo. Luego de algunos segundos algo llamó mi atención, sobre su piel estaban apareciendo finas líneas del color del azabache que se cruzaban entre sí, formando extraños símbolos y formas; aquellas líneas iban desde su cuello hasta el reverso de sus manos, me fijé en la que estaba en su antebrazo: lo que antes eran surcos al rojo vivo ahora eran del más oscuro negro, aún resaltaba sobre las otras debido a su tonalidad más oscura y su grosor.

Lo miré boquiabierta y sin pensarlo repasé algunas de aquellas líneas con mis dedos, él abrió los ojos y me miró con una pequeña sonrisa en sus labios.

-          Fuerza, velocidad, disciplina… son algunos de las cualidades que nos otorgan las escrituras sobre nuestra piel, tu padre tenía casi las mismas que yo, sin embargo; creo que le faltó un poco más de esta.- dijo tocando la marca más reciente.

-          ¿Qué significa? – pregunté dudosa.

-          Autocontrol.- dijo mirándome a los ojos. Desvié la mirada al sentir como mis mejillas se encendía y reí tontamente por lo bajo.

1 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    Awwwwwww, para que autocontrol mejor dejarse llevar jajajaja mentiras tan lindos chels y alex!!!
    ojala y a sus papis no les pase nada malo T_T me encanto gracias por volver a colgar Ann
    TQ demasiado

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