Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 25: Corte Superior II

jueves, 8 de julio de 2010



Sentía mi respiración agitada mientras movía mis labios contra los suyos, instintivamente entrelacé mis dedos entre su cabello y lo acerqué aún más, ahora su pecho rozaba el mío haciendo que escalofríos cruzasen mi cuerpo. Ahora el apoyaba su peso sobre su codo en una posición completamente incómoda; sin embargo seguía allí, demasiado caballero como para dejar caer su peso sobre mí.

Lo empuje suavemente invirtiendo nuestras posiciones, ahora su espalda reposaba sobre el suelo mientras que yo me apoyaba en su fuerte torso, mi peso lo mantuve en mis rodillas que se hincaban en el suelo suavemente, él me miró sonriente y me atrajo hacia sí con un ligero tirón, reí por lo bajo y delineé su boca con la mía, sentí como las comisuras de sus labios se torcían formando una sonrisa y en mi mente recreé su rostro.

Cuando mis pulmones ardieron exigiendo aire me incorporé sobre mis rodillas, el sonrió y yo correspondí su gesto; rápidamente vi el cielo, aquellas raras constelaciones y astros ahora brillaban sobre un cielo que apenas tenía rastros del enorme y cálido sol. Me levanté de un salto y miré a Alexander con ojos muy abiertos él se incorporó y tomó mi mano. Caminamos rápidamente sin mirar atrás y volvimos a adentrarnos a la enorme edificación de columnas de mármol.

Ahora los pasillos estaban iluminados por gigantescas arañas que colgaban del techo, refractando la luz de centenares de velas en rombos de cristal. Era mágico, e indudablemente hermoso. Casi corrimos atravesando varias portezuelas hasta llegar a un enorme portón que casi alcanzaba el alto techo, era de un material dorado y brillante y tenía gigantescos adornos que parecían hechos con oro y hierro forjado. Una enorme aldaba estaba frente a nosotros, suavemente Alexander choco aquel objeto con forma de ángel contra la puerta causando un enorme estruendo. 

Respiré profundamente y di un respingo cuando con un fuerte ruido las puertas se abrieron, una fulgurante habitación apareció frente a nosotros; Alexander se adentró con paso decidido y yo le seguí. Aquel lugar era enorme como hermoso, un amplio salón circular de alto techo solo era ocupado por una especie de estrado que media algo más de un metro de alto por unos doce de largo; este enorme mueble se encontraba fuera del alcance total de la luz, dejando a los ocupantes bajo una misteriosa oscuridad que no me permitía observar a la perfección sus rostros. El suelo estaba cubierto por losetas doradas que, combinadas con la luz que emanada de una enorme araña, daban un hermoso tono color oro a la habitación.

Apreté la mano de Alexander mientras nos acercábamos al centro de la habitación, el correspondió a mi gesto y susurró un “tranquila”; respiré profundamente intentando luchar contra el miedo que se abría paso dentro de mi pecho. ¿Qué pasaría conmigo? ¿Me entregarían? ¿Lucharían por mí, por mi alma?... Cuando estuvimos en el centro de la habitación Alexander soltó mi mano y dio un paso atrás; en ese momento sentí como el miedo se apoderaba de cada parte de mi cuerpo.

-          ¡Alex!- casi grité. Mis ojos se abrieron de par en par mientras se llenaban de lágrimas. Él me miró suavemente, sin embargo no se acercó a mí.

-          Tranquila Chelse, todo estará bien.- dijo intentando formar una sonrisa, sin embargo en sus ojos se veía la preocupación que sentía.-No te dejaré sola, estaré aquí.

Asentí mientras intentaba relajarme, una lágrima corrió por mi mejilla y me apresuré a limpiarla con el reverso de mi mano. En ese instante la habitación se tornó más fría que antes, instintivamente froté mis brazos que se habían erizado ante el cambio brusco de temperatura.

-          Chelsea Hardwicke.- escuché una fuerte voz decir mi nombre; sin embargo me tomó unos instantes comprender que no se produjo ningún sonido en la habitación. Aquella voz estaba dentro de mi cabeza. Intenté responder pero ahora mi voz me había abandonado, solo pude asentir torpemente.- Suponemos que sabes, el por qué estás acá…

Volví a asentir, tenía mis puños apretados a ambos lados de mi cuerpo y mis ojos cerrados con fuerza.

-          Debes saber también que eres una parte fundamental del equilibrio entre nuestro mundo y el mundo inferior. Tu alma es una mezcla entre lo humano y lo celestial, y por esta misma razón, es también la prioridad de Brontë. Si fuera absorbida por él, sería un riesgo enorme para tu mundo y el nuestro.

-          Hemos llegado a varias conclusiones.-dijo otra voz dentro de mi cabeza, esta era más fuerte, y por algún motivo aumentaba en mí el miedo y el  nerviosismo.- No podemos arriesgarnos señorita Hardwicke; y por su familia ya lo hemos hecho… Dejamos que sus padres viviesen como humanos, como si su existencia fuese a pasar desapercibida ante los seres inferiores. Pero ahora, será diferente. No podemos exponernos a un riesgo tan elevado, sabes demasiado Chelsea Hardwicke.

Aquellas palabras retumbaban en mi cabeza, ¿sabía demasiado? ¿Qué pasaría ahora? Millones de pensamientos vinieron a mí de golpe, sin embargo aquellas voces seguían allí. Comencé a sentirme en un vaho, mi mente se había desconectado de mi cuerpo… ya no podía percibir nada de lo que me rodeaba, solo podía concentrarme en las voces de aquellas personas que resonaban cerrando el paso a mis sentidos.

-          Ella no es culpable hermano, te consta eso… No podemos tomar una decisión apresurada.

-          ¡Ellos la quieren y no se detendrán hasta asesinarla Uriel!- dijo la voz que inspiraba temor en mí.- No quieren su parte material, quieren su alma… ella encabeza el pergamino. Y el único modo que no consigan lo que pretenden es que nosotros lo obtengamos primero.
Sentí como caía de golpe a la realidad, mi garganta se cerró de golpe, cerrándole el paso del aire, mis pulmones ardían mientras que yo luchaba por respirar. Una fuerte presión era ejercida sobre mi pecho y mi garganta, sin embargo no podía ver nada. Lo poco que lograba vislumbrar era la oscura sala, sin embargo apareció. Allí estaba el motivo de cada latido de mi corazón, me rodeó con sus brazos apretándome fuertemente; sus labios se movían rápidamente, formando palabras que no lograba entender. Sin embargo poco a poco aquella fuerza comenzaba a disminuir, mientras que la desesperación hizo meya en mí al tiempo que el aire comenzaba a entrar con libertad.

-          Tranquila Chelse, todo está bien.- Le escuché decir mientras acariciaba mi cabello. Yo me esforzaba por mantener mis ojos abiertos mientras que lágrimas corrían por mis mejillas. Su cuerpo estaba tenso y su respiración era agitada.

-          Alexander.- Dijo una de las voces que había escuchado segundos antes dentro de mi cabeza, sin embargo ahora había resonado en la habitación. Me incorporé con dificultad para observar al dueño de aquella voz.

Siete figuras encapuchadas formaban una medialuna frente a nosotros; sus túnicas de un color ocre escondían completamente sus cuerpos. Los observé sin disimulo, inspiraban en mí millones de reacciones desde el mas infinito miedo hasta la más inocente curiosidad. El cuerpo de Alexander se antepuso entre ellos y yo, protegiéndome y escondiéndome de sus miradas.
-        
  Señorita Hardwicke, al parecer corre con... suerte, por así llamarlo.- dijo la primera figura espectral desde mi derecha.- Mis hermanos y yo discutiremos su destino. Aún ninguna decisión está tomada. No disculpamos sinceramente por lo acontecido.
Alexander dejó escapar un gruñido por lo bajo, yo me apresuré a esconderme detrás de él, aferrándome a su  espalda como si mi vida dependiese de ello.
-          
Le rogamos, señorita que abandone la sala cuando nos hallamos marchado; al final del pasillo se ubica el comedor, allí podrá encontrarse con sus padres y disfrutar de una cena en su compañía.

Dicho esto las luces se encendieron y mi ángel, el ser que hacía que mi vida valiese la pena, desapareció junto a las figuras encapuchadas. El miedo me invadió y giré sobre mí misma un par de veces.

-          ¡Alexander! ¡Alexander! – vociferé tan fuerte como pude, sin embargo no obtuve respuesta alguna. Intenté respirar profundamente y calmarme; rápidamente caminé hacia las enormes puertas que se abrieron con un golpe seco y casi corrí hacia el otro extremo del corredor.

Llegué hasta una puerta que se encontraba entrecerrada, pude escuchar el sonido de las voces de mis padres llegar desde dentro; sonreí, se encontraban allí. Empuje la puerta y me encontré en una larga sala compuesta de un mesón que abarcaba casi todo el espacio, este estaba rodeado de sillas de madera y humeante comida se posaba sobre él. Mis padres se encontraban allí; ambos sonrieron al verme y yo corrí hacia ellos, lanzándome a sus brazos abiertos. Ellos eran el refugio donde podía esconderme de mis mayores miedos, eran mi fortaleza, lo único comparable a lo que sentía por ellos era el amor que sentía por Alexander.
Me senté en una silla entre ellos, tomé un plato vacio y lo llené de aquella exquisita comida. No era consciente del hambre que sentía hasta que aquel suave aroma llegó a mi nariz, la boca se me hacía agua y sin más ni menos me apresuré a satisfacer mi apetito.

Comí hasta saciarme y mantuve, durante un largo rato una amena conversación con mis padres, parecían tan felices y relajados en ese lugar. Sonreí para mí misma y me excuse para salir a tomar aire. La noche allí era tan pacífica e hipnótica que mi vista se clavó en el despejado cielo lleno de cientos de estrellas, una fría brisa movía mi cabello y mi piel se erizaba a su tacto, sin embargo en mi mente solo había lugar para una cosa: Alexander.

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