Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


24: Corte Superior I

domingo, 28 de marzo de 2010

Mi cuerpo se heló mientras que sentía la presión de aquellas miradas clavándose en mi espalda; Alexander no pareció percatarse de ello hasta que estuvo arios metros más adelante, se viró suavemente y me miró intentando ahogar su risa. Mi rostro era completamente tortuoso, eso lo sabía; lo que ignoraba era ¿Qué le causaba tanta gracia? Quise enfadarme con él, pero no podía actuar con claridad. Estuvo junto a mí en un par de segundos.
-          Chelse, no pasa nada. Mira.- dijo intentando silenciar sus carcajadas, sin embargo, al rodearme con sus brazos podía sentir la vibración de su pecho producida por la risa.- Estas algo nerviosa Chelsea, deberías relajarte. Acá no te pasara nada.
Lo miré alzando una ceja, sentía coraje; no contra él, sino conmigo, ¿Cuándo dejaría de ser tan cobarde? Asentí levemente y me viré, el no me soltó así que ahora sus brazos ceñían mi cintura, causando que una fuerte corriente de electricidad recorriese cada una de mis terminaciones nerviosas; suspiré fuertemente y abrí los ojos; de nuevo la magia se abría paso ante mis ojos, altas y esbeltas mujeres, apenas cubiertas con trozos de vegetación nos espiaban ocultas entre los árboles soltando risitas tontas; pequeñas lucecillas revoloteaban sobre sus cabezas mientras que otras pequeñas criaturas dejaban ver sus curiosos ojillos desde su escondite.
-          Me siento como un bicho raro.- susurré por lo bajo. Las risas de Alexander aumentaron varias octavas.
-          Chelse, ¿oíste lo que acabas de decir? ¿”un bicho raro”?... entre criaturas que en tu mundo siempre se consideraron mitología… claro, tiene mucho sentido.- dicho esto sus risas volvieron a cargar el aire. Lo miré ceñuda y le propiné un ligero manotazo.
Volví mi vista a aquellas criaturas, que poco a poco se fueron acercando. Unos hombrecillos que apenas sobrepasaban mi rodilla corrieron sonrientes a donde se encontraban nuestros hermosos corceles; aquellas mujeres a penas cubiertas soltaban aquellas risillas tontas mientras se acercaban a nosotros, sin embargo, pasaron a mi lado como si nada, acercándose a Alexander con total descaro. Sentí como mis mejillas se encendían, mi rostro debía estar cerca del carmín.
Di un paso hacia él aclarando mi garganta para que aquellas…”criaturas” abriesen paso. Me miraron con cara de pocos amigos mientras pasaba entre ellas a empujones para rodear a Alexander instintivamente con mis brazos y reposar mi cabeza sobre su hombro. El volvió a colocar sus manos sobre mi cintura y beso mi frente suavemente.
-          Dríades.- dijo él respondiendo la pregunta que se formaba en mi cabeza.- Son criaturas que tienen su vida ligada a un árbol, cuando este nace, nace una de ellas, y cuando muere, mueren ambos. Suelen tener una vida larga, pero al ser todas mujeres pues… al ver un chico ellas se... descontrolan.
Lo miré con cara de pocos amigos para luego dirigir mi vista a ellas; eran tres, sus rostros eran hermosos, sus facciones finas parecían talladas; sus cuerpos era esculturales y definidos, mientras que sus pieles variaban desde un tono oliváceo hasta un color marrón tostado. Las examiné durante varios segundos y luego escondí mi rostro en el pecho de Alexander. El acarició mi cabello hasta q sus manos volvieron a tomar posesión de mi cintura, alcé la mirada para encontrarme con la suya; el efecto embriagador que había causado desde la primera vez se había intensificado, en el mundo, fuese cual fuese, solo existíamos él y yo.
Su mano se dirigió a mi rostro y con un suave movimiento atrapó un mechón de mi cabello que ondeaba y bailaba con el viento, lo colocó detrás de mi oreja y con sus dedo demarcó la línea de mi mandíbula hasta posar sus dedos sobre mis labios; no pude evitar que una sonrisa se colase entre ellos, simplemente, me acerqué más a él e hice lo que mi cuerpo me pedía, nos fundimos en un beso; sin embargo este era diferente, lo llene de todos mis sentimientos, todo lo que sentía por él. Éramos como fuego y hielo, sin embargo cada uno era parte del otro; lo necesitaba tanto como suponía el me necesitaba a mí; el simple hecho de pensar que todo el amor y la pasión que sentía en mi pecho eran correspondidos hizo que mi corazón diese un vuelco.
Nuestros labios se separaron lentamente cuando mis pulmones exigieron respirar, estaba jadeando ligeramente mientras que Alexander me miraba, escrutándome… sentí como mis mejillas ardían y bajé la mirada; cuando controlé mi sonrojo eché un vistazo a nuestro alrededor, todas aquellas criaturas habían desaparecido, solo quedaban nuestros hermosos corceles. Solté el firme abrazo que mantenía en el cuello de Alexander y caminé hacia ellos, su pureza era el más grande éxtasis, me sentía totalmente expuesta a sus ojos, como si pudiesen mirar a través de mí, de mis pensamientos.
-          Creo que debemos irnos.- dijo Alexander en mi oído, rompiendo el silencio que reinaba, exceptuando los golpeteos de mi corazón aun descontrolado. Asentí y besé su mejilla suavemente. Volvió a ayudarme a montar y luego, con un grácil salto estuvo sobre el lomo de su caballo.
Suspiré fuertemente para dejar mi mente en blanco, sin embargo esta tarea se hacía difícil al imaginar a Alexander. Cuando finalmente lo conseguí fue más sencillo dar las órdenes para volver al templo; abrí los ojos cuando sentí el viento en mi rostro, volvíamos a surcar un cielo lleno de nubes y raros astros que nunca había observado, de pequeña papá me había regalado de navidad un enorme telescopio con el que me enseñó a identificar cada una de las constelaciones, sin embargo, ninguna de las que yo conocía se encontraba en ese hermoso cielo crepuscular.
El fuerte golpear de las patas de la criatura contra el suelo de piedra me sacó de mis ensoñaciones, me bajé de un salto y permanecí algunos segundos observando cómo Alexander se acercaba más y más mientras que la criatura que él montaba batía sus enormes alas para aterrizar suavemente; él me miraba sonriente, desmontó y me abrazó con suavidad.
-          ¿tenemos que ir ya a la corte?- pregunté intentando no dar rastros del temor que sentía, el me miró seriamente y respiró fuerte.
-          No, aún no… fue programada para el final del ocaso, dijo señalando un enorme sol poniente. Asentí y caminé hacia la suave cuesta y me senté sobre la hierba; mi enorme compañera se situó a unos pocos metros de mí, seguida por el robusto espécimen de Alexander. Suspiré al verlo y de pronto varias preguntas cruzaron mi cabeza.
Alexander se sentó junto a mí y comencé a bombardearlo.
-          Son hermosos.- dije refiriéndome a los caballos, el asintió dándome la razón.- debo confesar que cuando hablaste en casa de caballos voladores, pensé que estabas delirando. Sin embargo, son tan puros, tan transparentes…
-          Esas son solo algunas de sus cualidades Chelse, son criaturas antiguas, sabias, leales… se entregan a una persona, le ceden su libertad, pero solo a una.
-          Así que todo lo que tuvimos que hacer hoy solo se hace una sola vez.- el volvió a asentir en silencio.
Sus hombros estaban tensos y su mirada fija en la hierba, su ceño estaba ligeramente fruncido, haciendo q se formara una ligera arruga en su frente. Algo le preocupaba. Pasé mi lengua por mis labios que se sentían resecos, mi corazón y mi estómago estaban hechos un nudo y el nerviosismo me mareaba; ¿Qué pasaría en esa corte? Solo en eso podía pensar en ese momento, y estaba convencida de que eso era lo que rondaba en la mente de Alexander. Me recosté suavemente en la fría hierba y coloqué mis brazos sobre mi cabeza, me dedique unos minutos a observar el cielo pintado con tonos rosáceos y naranjas; todas mis preguntas acerca de las hermosas criaturas que estaban junto a nosotros pasaron a un segundo plano; me concentre en sentir el palpitar de mi corazón… relajé cada parte de mi cuerpo y suspiré profundamente. Alexander se recostó a mi lado apoyando todo su peso en un costado, sentí como sus ojos recorrían mi rostro y una sonrisa tonta se posó en mis labios; de un momento a otro su rostro estuvo a un palmo del mío su cuerpo estaba sobre mi torso mientras se sostenía con un brazo junto a mi rostro. Sonreí y sin dudarlo tomé su rostro entre mis manos y lo besé dulcemente.

4 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    Diossss hacia tanto tiempoooo!!!
    asi que Gracias por publicar, de veras, esta increible, esos caballos uff, me encantan, me matan, son mi debilidad *.*, y luego ellos dos awww todo es tan dulce, tan bello, y ese beso uff *.*
    Dem bello el capi Ann, de veras increible
    te quiero
    ya

  1. dani... dijo...:

    wii! por fin subes gracias!!! encerio
    pero
    veo
    por que te
    demoraste ! jjajaja no enrealidad no pero bueh xD jajaja te queria decir que el cap suer
    amo a los caballos deben ser hermosos!
    bueno espero
    otro cap
    y este te quedo super
    besos
    dani

  1. Mandy dijo...:

    Amigaaa ya echaba de menos a Alexander y a Chelse!!Gracias por volver a publicar, ahora tienes que publicar mas seguido vale??UN BESAZOO

    TE QUIEROOO

  1. Mandy dijo...:

    Por cierto me encanto el cap, los caballos, los seres magicos, todooo...Los besos....jajaja!!En fin todo me encanto.

    UN BESAZOOO

    TE QUIEROO

    MANDY

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