Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 20: El viaje I

domingo, 17 de enero de 2010



Los rayos del sol acariciaban mis párpados, sentía su calidez embriagadora recorrer mi piel suavemente. Abrí los ojos y me estiré perezosamente, me encontraba recostada en mi cama, el suave cobertor azul celeste resguardaba mis piernas del frío otoñal que entraba en forma de ráfagas de viento por mi ventana. Me incorporé lentamente, primero sobre mis codos y luego me senté sobre la cama, busqué en mi memoria algún vestigio de un sueño, pero no encontré nada. De pronto, haciendo un avalúo de lo que me rodeaba, me percate de un peso que se me hizo deliciosamente familiar. Mi amuleto volvía a pender de mi garganta, la piedra de un profundo color negro refulgía aún más con la luz del sol.
Sonreí mientras apresaba el dije en mi mano formando un puño; en esos segundo los recuerdos de la noche anterior volvieron a mí en una avalancha de hermosas y vívidas imágenes y, en ese momento me pregunté si ese había sido mi sueño. Una punzada de tristeza me embargó en el instante en que ese pensamiento pasó por mi cabeza, respiré profundamente para echarla a un lado y me levanté de frente a la ventana. Al dar un par de pasos escuché el chirrido característico que emitía la puerta de mi habitación al abrirse.
Me volteé lentamente para encontrarme con los cálidos ojos cafés que hacían que todo lo malo se esfumase en cuestión de segundos. Traía entre sus manos la bandeja de desayuno que había comprado mi madre en una venta de ofertas hacían ya un par de años, en ella un plato repleto de comida hizo que se me hiciese agua la boca; a fin de cuentas no había probado bocado desde el día anterior; él sonrió al ver mi expresión, e ese momento fui consciente de mi apariencia.
Sentí cómo mi rostro hormigueaba al ser invadido por la sangre que se agolpaba bajo mi piel pálida, me apresuré a acomodar mi cabello dentro de una coleta e intentar mejorar el aspecto de mi desfachatado pijama. Él colocó la bandeja suavemente sobre mi escritorio y se cruzó de brazos, yo sonreí y me apresuré a correr fuera de la habitación.
Llegué a la puerta del baño en tiempo record. Empujé mi cuerpo precipitadamente hacia adentro y cepillé mis dientes lo más rápido posible, lavé mi rostro tan fugaz que un poco de jabón entro a mi ojo. Lo enjuagué con mucha agua hasta que acabó solo un poco enrojecido.
-          Maldición….-murmuré por lo bajo. Sequé mi rostro con una toalla y cuando ya no hubo nada más que hacer salí. Corrí hacia mi habitación y tomé el pomo entre mis manos; respiré profundamente esperando que Alexander se hubiese desvanecido como un espejismo. Sin embargo, allí estaba, tan radiante y hermoso que me sentía aun más vulgar y pequeña.
Él sonrió, se encontraba junto a la ventana y la luz del sol le daba un resplandor dorado a su piel. Me miró fijamente haciéndome sonrojar y acto seguido señaló la bandeja de desayuno. Era fascinante observar cómo con tan pocas palabras me hacía sentir tan cómoda. Me senté en la silla frente al escritorio y comencé a mordisquear una tostada, él me observaba de reojo, mientras que yo me deleitaba con su simple presencia.
Cuando terminé el enorme y delicioso plato compuesto de tostadas  huevos revueltos, y engullí un vaso de zumo de naranja me levanté de la silla, me sentía a reventar. Levanté la bandeja para dirigirme a la cocina, pero al dar un par de pasos Alexander rodeó mi cintura con sus brazos. Sentí mis piernas temblar y por poco eché al suelo lo que tenía entre las manos; me reí por lo bajo cuando sus labios se posaron en mi cuello, caminé lentamente hacia mi cama deshaciéndome de su agarre, me senté y palmeé el espacio que quedaba junto a mí. Aparté la bandeja y él se sentó a mi lado, su dedo índice recorrió cada detalle de mi rostro y bajo por mi garganta hasta llegar al amuleto, lo levantó suavemente y lo sostuvo entre sus dedos.
-          ¿Tú lo reparaste?- pregunté curiosa; él se limitó a sonreír y asentir con la cabeza.- gra-gracias.
-          Por nada.- dijo él con su dulce tono de voz.- de hecho yo lo hice, hace muchísimas décadas.
Me viré suavemente para poder observar su rostro, estaba completamente anonadada, hasta que volví a recordar todo lo que sucedió el día anterior. Él sonrió melancólicamente y suspiró.
-          Tu lo hiciste… pero, ¿cuándo… fuiste tú quién me salvó aquel día?- él volvió a asentir.- Mmm… y también estuviste allí en el parque.
-          Si Chelse, siempre, incluso cuando no podías percibirme estuve aquí.
En ese momento recordé aquella noche en que sentí la presencia de alguien que besaba mi cuello. Fruncí el ceño y lo miré con cara de pocos amigos; él me dedicó una media sonrisa y apretó suavemente mi mano.
-          Lo siento.- susurró a mi oído, sus labios rozaron suavemente mi piel cuando pronunció esas palabras haciéndome reír tontamente. Él hizo coro a mi risa con una ligera carcajada socarrona.
-          Ahora, explícame qué hace esto.- dije tomando el amuleto de sus manos. Él se incorporó alejándose un poco de mí y me miró fijamente para luego dirigir sus ojos a la piedra que pendía de mi cuello.
-          Ese amuleto es un objeto milenario, tiene muchísima magia y es muy poderoso, como recordarás te lo dejé aquella vez del incidente en la playa. Aquel trasgo era muy poderoso, encontró el modo de entrar a tu mente y, por ende a tus sueños. Te dormiste y él aprovechó las circunstancias. Entré a tus sueños detrás de él pero era tarde, te tenía suspendida al borde del precipicio, así que salí de tu mente y volví a tomar mi forma humana y me aventé al agua en tu búsqueda.- se detuvo para hacer una pausa y luego continuó.
-          Cuando te hallé te coloqué esto.- señaló el amuleto y sonrió.- él evita que tu mente se libere, como lo hace cuando sueñas.
-          Así que… ¿esto evita que yo sueñe?- pregunté abriendo mis ojos hasta que dolieron. Él rió por lo bajo y asintió.
-          Si no sueñas, nadie puede entrar a tu mente.- dijo él encogiéndose de hombros.
Sonreí suavemente y dirigí lentamente mis manos a la parte posterior de mi cuello y con un suave movimiento solté el broche, haciendo que el collar cayese sobre la cama. Él me miró extrañado y se dispuso a replicar, en ese momento presioné sus labios con mi dedo índice y con mi mano libre acaricié suavemente su rostro.
-          Quiero soñar, una y mil veces… solo si tú estás ahí.- dije suavemente. Las comisuras de sus labios subieron, dejando a la vista una de sus mejores sonrisas. Lo miré completamente atontada, como si no existiese nadie más que él. De pronto caí en cuenta de la hora y me levanté a toda prisa.- El instituto… ¡es tarde!
El rió de nuevo, al parecer mi histeria le causaba una gracia tremenda. Tomé mi mano suavemente y con un leve tirón me colocó junto a él nuevamente.
-          ¿Instituto? ¿Crees que te dejaré ir allá? Chelse, medio mundo inferior está detrás de ti.- me replicó seriamente mirándome a los ojos. Al oír eso los recuerdos vinieron a mí. Pasé saliva ruidosamente y contuve la respiración negándome a permitir que las lágrimas volviesen a correr por mis mejillas.
Alexander, al observar mi reacción me rodeó con sus brazos y me apretó firmemente contra su cuerpo. Apoyé mi rostro en su hombro y suspiré fuertemente, él acarició mi cabello durante unos segundos y luego se separó un poco.
-          Además, hoy debemos ir a otro lugar.- dijo cálidamente a mi oído. Lo miré arqueando una ceja y él despeinó mi cabello con una mano, pasó su lengua por su labio inferior y continuó.- Hoy iremos al mundo superior Chelse; en ese lugar podremos mantenerte a salvo, solo los seres superiores podemos entrar allí. Lo he consultado con los ancianos y al tener ascendencias superiores podrás ingresar.
La emoción de Alexander era palpable en su voz al pronunciar aquellas palabras
-          ¿En serio? ¿iremos a allá? Pe-pero mis padres podrán ir también ¿verdad?- las palabras salieron a trompicones de entre mis labios. Él suspiró y asintió levemente.- Oh Oh…- me quejé.
-          Pues, tus padres fueron expulsados Chelse, así que han accedido a que tú vayas.- dijo él seriamente. Sentí como palidecía, no podía dejar a mis padres aquí desprotegidos, no los dejaría como dejé a Emma.- Chelsea, cálmate. Ellos irán con nosotros, no se los mencione a los ancianos pero ellos nos acompañaran. Estoy casi seguro de que no se negaran.
Asentí levemente, no tenía fuerzas para hablar; el simple hecho de imaginarme completamente sola, sin ellos derrumbaba lo que quedaba de mi fortaleza.  Alexander besó la comisura de mis labios suavemente, yo giré lentamente mi rostro para rozar mis labios con los suyos. Lo bese siendo al extremo de cautelosa y suave, sintiendo cada roce. Imaginando que de algún momento a otro despertaría de un sueño.
Mi corazón comenzó a bombear rápidamente y mi respiración se hizo agitada, me incorporé sobre mis rodillas y enrede mis dedos en la parte baja de su cabello. Él separo sus labios de los míos y me miró con ojos muy abiertos; sentí como me sonrojaba completamente desde la cabeza hasta los pies; mi respiración se acompasó en unos segundos y mi ritmo cardíaco volvió a la normalidad. Él tomó mi mano entre las suyas y beso mi frente con extrema delicadeza; en ese momento deseé saber qué estaba pensando.
Luego de unos segundos nos levantamos, yo hice la cama lo más rápido que pude mientras que él bajaba la bandeja a la cocina; al terminar corrí al armario y saque mi bolso de viaje, lo llene con lo que estaba a mi alcance, sin fijarme mucho en lo que llevaba. Me fijé en el portarretratos que estaba sobre mi escritorio, en él una foto de Emma y yo en una de nuestras visitas a la feria estadal. Sonreí melancólicamente al ver el rostro sonriente de mi mejor amiga junto a mí, tomé el ligero objeto y lo coloqué dentro de mi bolso de mano.
Salí del cuarto y me dirigí al baño para tomar una ducha. Al salir me coloqué unos vaqueros y una camiseta negra, recogí mi cabello en una coleta y tomé mi maleta y mi bolsa de mano donde coloqué mi móvil, la foto de Emma y el amuleto. “allá vamos” pensé.

2 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    Yeiiiii!!!! ya sabemos para que era el amuleto, aunque no sabemos que dice.... en realidad Annie, esta historia es magnifiperfectgenial!!!! es en serio todo, ese beso tan dulce *-*, Dios hasta cuando tendre un angelito de esos *-* yo quiero uno, Emma lu ^^ donde esta? esta en el mundo superior? ahora es un angelito? malditos trasgos, xD awww toda esta histora es tannnnn hermosaaaaa, ahora van a ir a ese lugar tan magico ^^ OMG!!! que belloooooo
    Te quiero Amigosocita muchooooo muchisimo con demasiadooo

  1. Mandy dijo...:

    WOOOWWWWW!!Q BONITO ES ESE AMOR QUE SE TIENEN EL UNO AL OTRO. PERO ELLA NO OLVIDA A SU AMIGA,LA TIENEN Q ENCONTRAR PRONTOOO!!!
    SUBE PRONTO PORFIIIIIIS, QUE AHORA ESTOY SUPER INTRIGADA.
    LA HISTORIA ES MAGNIFICA, EN SERIO, ME TIENES SUPER ENGANCHADISIMAAAA

    UN BESAZOOOO

    MANDY

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