Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 19: Junto a Él.

sábado, 9 de enero de 2010




Chelsea POV.
Recosté mi cabeza sobre su hombro mientras que él me rodeaba con sus brazos, sentí como enterraba su rostro entre mis cabellos y no pude evitar que una sonrisa se filtrase entre mis labios. De pronto, al cabo de unos segundos su cuerpo se tensó, sus manos se separaron de mí y el sentimiento de miedo y desprotección que sentí minutos atrás volvió a invadirme.
Alexander se levantó de un salto, sus manos estaba fuertemente apretados en puños, sus nudillos tomaron un color blanco bastante más claro que su tono de piel, su respiración era profunda, pero entrecortada; se mantuvo unos instantes allí, de pie sobre la alfombra, sus ojos estaban cerrados y su ceño fruncido. Alcé mi mano hacia la suya, pero él se limitó a moverse y caminar hacia la puerta con paso rápido, dejando mi mano extendida. Escuché el golpe seco que produjo la puerta principal cerrándose con fuerza. Una punzada de desconsuelo me embargó, observé mis dedos extendidos al vacío que antes ocupaba mi trozo personal de paraíso, mi ángel de la guarda. Ciertamente ya mi mente y mi corazón eran suyos y no podía evitar que un dolor aprisionador se hiciese de mi pecho al pensar en que él podría no ser mío. Mis ojos se llenaron de lágrimas que me apresuré a enjugar con mis puños.
Me levante del cómodo sofá y en ese momento fui consciente del cansancio que tenía sobre mí. Caminé hacia las escaleras apagando las luces tras de mí, cerciorándome de no ver hacia la puerta, algo me decía que si lo hubiese hecho me sentaría en las escaleras esperando a que volviese él. No fui consciente del trecho de la cima de la escalera hasta mi cuarto, solo sentí el frío pomo de la puerta entre mis dedos y lo giré con desánimo. Caminé por la penumbra de mi habitación y me dejé caer de bruces sobre el felpudo edredón; cerré los ojos y me sumí rápidamente en mis sueños.
El sol acariciaba mis mejillas llenándome de su delicioso calor, abrí los ojos lentamente con el ceño fruncido, me desperecé y los protegí del astro rey con una de mis manos y terminé de incorporarme, respiré aquel delicioso aire cargado de un dulce aroma, viré sobre mí para observar todo lo que me rodeaba, cientos de flores bailaban con el viento, mientras que otras, juraría que se movían por cuenta propia. M miré a mi misma, mi cabello caía como una cascada de seda sobre mis hombros y lucía un fulgurante vestido color blanco, estaba hecho con una liviana tela que flotaba en el viento grácil y casi mágicamente, mis pies estaban descalzos sobre el verde césped y mi piel pálida destacaba con la luz del sol.
“¡Chelsea Lu!” gritó alguien detrás de mí, la voz que más necesitaba, la que más ansiaba oír. Me giré rápidamente para encontrarme con mi mejor amiga. Allí estaba Emma, radiante y hermosa; el viento jugueteaba con sus rizos cobrizos y su sonrisa brillaba con mayor intensidad que nunca. Sentí cómo mis ojos se humedecían y corrí a abrazarla, ella rodeó mis hombros con sus delgados brazos mientras que yo intentaba balbucir alguna frase coherente, las lágrimas rodaban por mis mejillas sin cesar y ella las limpiaba cuidadosamente con su pulgar. Me abrazó más fuertemente y me sonrió, logré que una disculpa saliera de mis labios y ella me silenció colocando su cara de reprimenda. Intenté sonreír y ella imitó mi gesto. “No importa lo que pase Chelse, siempre serás mi mejor amiga… y estaré contigo cuando me necesites” dijo antes de comenzar a desvanecerse.
-          ¡NO!-grité con todas mis fuerzas.- ¡Emma! No me dejes, por favor… te necesito.
Pero fue demasiado tarde, su imagen quedó flotando frente a mis ojos durante un segundo antes de desaparecer por completo. Con un jadeo volví a mi oscuro dormitorio, escondí mi rostro entre mis rodillas y me dediqué algunos minutos a deja salir todo el miedo y el dolor que sentía; las lágrimas brotaban sin cesar de mis ojos, no podía soportarlo, la necesitaba conmigo; algo de mí se había ido con ella. Un ligero movimiento me hizo cortar aquel hilo de pensamientos; me viré rápidamente para encontrar a Alexander sentado en el alfeizar de mi ventana, mirándome fijamente.
Me incorporé completamente, acomodando mi cabello de nuevo en una coleta, me acerqué a él sin decir palabra alguna y me detuve cautelosamente a un par de metros. Él se limitó a sonreír y hacerme un espacio junto a él, me acerqué mirándolo fijamente, esperando alguna de sus extrañas reacciones. Sin embargo se limitó a palmear la madera invitándome a sentarme. Sin embargo ignoré su petición y me viré rápidamente, caminé un par de pasos hacia la cama y miré su cara de desconcierto por el rabillo del ojo. Quité el cobertor de la cama rápidamente y tomé un sweater del vestidor, me lo coloqué y le extendí una frazada a él que tomó con cierta confusión.
No pude evitar sonreír al ver su rostro, su cabeza estaba levemente inclinada hacia un lado y sus labios entreabiertos. Pasé por su lado suavemente y me colé hacia afuera. Aterricé suavemente y volví la vista hacia mi ventana ubicada a un poco más de un metro de alto; él me miraba con una sonrisa pícara en su rostro e imitó mi acción. Cayó con tanta gracia que me vi obligada a mirarlo fijamente; apostaría un millón de veces a que nunca me vería así de grácil y elegante, y comencé a sentirme torpe de nuevo. Lo olvidé a los pocos segundos al sentir su mano helada debido al frío clima de la noche en mi cintura.
Me ruborice de golpe y mi labio inferior comenzó a temblar. Me deshice con desgana de su agarre y coloqué el cobertor sobre el tejado, me senté con las piernas cruzadas e imité el gesto que había hecho él minutos antes, golpeando el espacio restante junto a mí. Se situó rápidamente junto a mí y me rodeó con sus brazos. A pesar de mi grueso sweater titiritaba del frío y él, sin importar la temperatura seguía cálido. Me acerqué más a él intentando acobijarme del frío, apoyé mi cabeza en su pecho; por un rato me extraño no oír los latidos de un corazón, pero luego lo ignore. Mantuve el silencio durante un largo tiempo hasta que el recuerdo de lo que había pasado en más de una ocasión volvió a mi mente. Me encogí al recordar su rostro aquel día en el invernadero.
-          ¿Cuándo me explicarás que sucede Alexander?- dije con un hilo de voz mientras que en mi estómago se formaba el peor nudo de la historia. Él me miró confundido y alzó una de sus cejas.
-          ¿Qué quieres que te explique Chelse?- dijo mientras jugueteaba con un mechón de mi cabello. Lo interrumpí colocando el mechón de cabello detrás de mi oreja viéndolo fijamente.
-          ¿Por qué…-hice una pausa mientras formulaba la pregunta en mi mente e intentaba imprimirle fuerza a mi voz.- Por qué cambias tanto… al estar conmigo?, pensé que yo… bueno, que no te gustaba estar conmigo.
Cuando por fin logré balbucir aquellas palabras volví el rostro hacia Alexander, su cara no mostraba ninguna expresión, se limitó a resoplar y mirar el cielo durante unos segundos que se me hicieron eternos. Luego me miró, con aquella mirada dulce, una sonrisa volvió a sus labios y acarició mi rostro con la punta de mis dedos. Lo miré conteniendo las lágrimas y él simplemente dirigió sus dedos a las sienes. Lo miré confundida y su sonrisa se transformó en un gesto de melancolía.
-          Chelse, yo no soy como tú, no soy humano. Sé que lo aparento, pero no lo soy. Una de mis cualidades es el ilusionismo. Puedo hacerte ver cosas que en realidad no existen, cosas increíbles Chelse. Mi humanidad consiste en ser algo tangible, y gracias a eso puedo permanecer aquí, en tu mundo. Sin embargo no tengo una completa libertad, recuerdas el castillo de mi historia ¿verdad? – Asentí levemente y el continuó.- Allí residen los ancianos, son los seres más antiguos, Ángeles son llamados en algunas culturas, en la religión católica son llamados los siete arcángeles de Dios, y les otorgan los nombres de Rafael, Gabriel, Miguel, Uriel, Jofiel, Shamuel y Zadkiel. Ellos tienen el control sobre mí, pueden entrar y salir de mi mente a placer y me dan órdenes que debo seguir para llevar a cabo las misiones que se me asignan.
Toda la conversación estaba tomando un rumbo que nunca me esperé, asentí indicándole que le seguía y continuó.
-          Esta misión es, sin ningún tipo de hipérboles, la mayor y más importante, porque dependiendo de tu alma, está el destino. Ellos no permitirán que me cieguen… emociones ni sentimientos. Aunque opino que es muy tarde.- Al decir aquello la picardía se reflejó en sus ojos y una sonrisa en sus labios. Sentí como me sonrojaba tomando un fuerte color vino. Cubrí mi rostro con las manos y él tomó mis muñecas entre las suyas. Las bajé lentamente y él detalló mi rostro con mucho cuidado.- Fue muy tarde desde el momento en que te vi por primera vez aquel día en el parque. Sin embargo ellos no se rendirán tan fácil, me ordenan huir de ti, de separarme cuanto sea posible pero… ya no puedo estar lejos de ti.
-          Yo… y-yo pensé que tú no me querías cerca.- dije con un hilillo de voz, él me atrajo hacia sus brazos y levantó mi mentón con su dedo índice.
-          Nunca, nunca en todos estos siglos... he necesitado estar tan cerca de alguien como necesito estar contigo.- mis ojos se llenaron de lágrimas lentamente y escondí mi rostro en su cuello.
Suavemente se separó de mí y limpió los largos surcos húmedos de lágrimas desde mis ojos, mis mejillas… suavemente sus labios rozaron la comisura de los míos. Mi cuerpo temblaba, pero esto ya no se debía a la baja temperatura. Me incorporé sobre mis rodillas y apresé su rostro con mis manos, suavemente rocé sus labios con los míos, sentí su dulce aliento invadir cada uno de mis sentidos, y en ese instante nos fundimos en un beso. Enterré mis dedos entre sus cabellos dorados mientras que las suyas recorrían mi rostro suavemente. Sus brazos me acobijaron suavemente mientras que separaba mis labios de los suyos. Dejé caer mi cabeza sobre su pecho jugueteé con una de sus manos. Él se dedicaba a colocar suaves besos en mi cabello y mi frente, suavemente jugueteó con mis ojos, rozando mis pestañas con sus labios.
Sonreí y cerré mis ojos, me sentía feliz, plena. Sabía que a pesar de las circunstancias que se interpusiesen él era tan mío como yo suya, y ninguna barrera sería suficiente, de eso estaba segura.
Eché otro vistazo hacia la luna, sonreí sin motivo alguno y luego le miré a él, sus dulces ojos cafés, su perfecta sonrisa, delinee cada detalle de su rostro, y sin saber en qué momento me sumí en un dulce y profundo sueño.

2 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    OH POR LOS SIETE ARCANGELES!!! CADA VEZ ME DEJAS CON LA BOCA MAS ABIERTA ANNIE!!!
    TODO EN ESTA HISTORIA ES MARAVILLOSO!!!, TODO ES TAN WOWWWWW!!!
    ME HICISTE LLORAR Y SUSPIRAR EN ESTE CAPITULO, DONDE ESTA EMMA LU^^ TT__TT DIOS, Y LUEGO TODO ESE AMOR, DIOS FUE PERFECTO, YO QUIERO UN ANGEL DE ESOS PARA MI!!! *O* ALGUN DIA ME LLEGARA JAJAJA XD
    EN SERIO AMIGOSOCITA TU HISTORIA ES MARIPERFECTGENIAL!!!
    ME ENCANTAAAA
    TE QUIEROOOOOO ANNNNNN!!!!

  1. (L)(*)Citlally (L)(*) dijo...:

    xD ke milagro ke Karen este inventando palabras xD
    Pero tiene raon en algo, entre más avanza la historia más enganchadas nos teines. te felicito Annie, eres grandiosa como tu historia. Solo tengo un inconveniente.....antes de leerla ya era coleccionista de angeles, siempre hab sido mi obsecion, (aparte de crepusculo obvio) y ahora gracias a ti, incrementaste mi deseos de conocer a uno :$

    si comienzo a verlos donde sea sera tu culpa xD te felicito nena ^^

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