Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 16: Recuerdos ( Parte I)

lunes, 14 de diciembre de 2009



Alexander POV.
Ella se derrumbó entre mis brazos en medio de fuertes sollozos, las lágrimas empapaban sus mejillas y su respiración entrecortada se veía aun más interrumpida cuando, de vez en cuando un gemido escapaba entre sus tiernos labios. Estaba en su estado más vulnerable, justo como ELLOS querían que estuviese, intenté susurrar a su oído para tranquilizarla, pero ella seguía repitiendo una y otra vez el nombre de aquella pobre chica.
Rodeé su cintura con uno de mis brazos mientras que con mi mano libre acariciaba su oscuro cabello; respiré profundo enterrando mi nariz junto a su oído, empapando mi olfato con su aroma dulce y que de algún modo se llenaba de su inocencia.
Escuché como Elliot y Diane se acercaban, sus pasos habían perdido su ligereza característica de nuestra especie. Chelsea dio un respingo al percatarse de la mirada desvanecida de sus padres, intenté apagar la sonrisa que poco a poco iba formándose entre mis labios, ella se sentó sutilmente en el enorme sofá y sus padres se colocaron a sus costados. Caminé hasta la puerta del salón y me recosté del marco. Me aislé rápidamente entre mis pensamientos, intentando ignorar sus ahora débiles gemidos y sollozos, cada uno de ellos era como una estocada a mi alma; me sentía impotente mientras que mi rabia se hinchaba dentro de mi pecho.
El simple hecho de oír la voz de Brontë hacía que me tensara. Una cosa eran sus enviados, sus trastos encargados de asesinar a personas inocentes con un simple y sucio propósito. Respiré fuertemente intentando concentrarme, los observé fugazmente; ellos la rodeaban con sus brazos y besaban su rostro, estrujando sus lágrimas con sus labios, ella tenía la mirada perdida en el vacío y sus sollozos se habían convertido en gimoteos apenas audibles. Recordé su rostro el primer día que la vi, su semblante anonadado aquel día en el parque y su voz quebrada el día que la llevé a la mansión. Fruncí el ceño al recordar ese día, de nuevo me habían obligado a actuar contra mi voluntad.
Sacudí mi cabeza para sacar, por ahora aquellos pensamientos de mi mente, habían demasiados percances ahora como para estar reprochando. Escuché como Chelsea llenaba sus pulmones de aire y se removía suavemente, alcé la mirada para encontrarme con sus enormes y cálidos ojos mirándome. Hizo un suave ademán para que me acercara y eso hice, me deslicé suavemente hacia ella y me senté sobre la butaca contraria al enorme sofá.
Ella tomó una enorme bocanada de aire y se quedó en silencio unos segundos más, como si tratase de digerir las palabras que aún no habíamos, si quiera pronunciado.
-          Muy bien.- dijo finalmente con una muy forzada voz calmada.- Creo necesitar una explicación.
Sus ojos estaban rojos e inflamados, sus mejillas estaban manchadas por las lágrimas y su cabello caía desordenadamente fuera de la coleta. Elliot me observó interrogante, y yo aclaré mi garganta para comenzar.
-          Esta es una historia bastante larga, así que necesito que prestes mucha atención.- ella asintió y me miró fijamente.- Hace miles de años, en el comienzo de los ciertos raciocinios, cuando no existían leyes, ni divisiones, ni creencias vagas; Cuando los sistemas de creencias se basaban en Dios; todo tipo de criaturas se relacionaban en una perfecta balanza, existía un profundo respeto por la vida, eso era lo más importante.
Observé como Chelsea tragaba gruesa y ruidosamente y Diane escondía su rostro nerviosamente entre sus manos. Recorrí sus rostros con la mirada y continué.
-          Todo era perfecto.- dije en un suspiro recordando aquellos días.- sin embargo, un día la maldad se abrió paso entre toda aquella felicidad. Un solsticio de invierno, la noche más larga del año, comenzó lo que los ancianos temían. Un niño vino al mundo, pero no uno común y corriente, aquel era diferente al resto. Su madre había fallecido en el parto, y nadie supo nunca quién lo engendró, no tuvo a nadie con él, siquiera un nombre. Fue criado en un monasterio, por viejos monjes que le dieron el nombre de Brontë. Con el pasar de los años, aquel niño nunca se integró a la comunidad; por el contrario, se interesaba por lo oscuro, la muerte, la maldad.
Chelsea se estremeció ligeramente y sus ojos se llenaron de nuevo de lágrimas; tuve que contener las ganas de abrazarla y evitar que siguieran derramándose, sin embargo me quedé inmóvil sobre mi asiento.
-           Espera, tú ¿cómo sabes todo eso?- dijo ella rápidamente. Me limité a suspirar ruidosamente y frotar mi frente con la palma de la mano.
-          Yo lo sé porque, lo viví… el mismo solsticio de invierno en el que Brontë vino al mundo, nací yo. Mi madre era una humilde campesina, y mi padre era un hachador que apenas lograba ganar algo para mantenernos. Mi familia era muy pobre como ya dije, así que cuando cumplí doce años me enviaron a aquel monasterio donde estaba Brontë. Allí ellos mantenían a otros niños, todos varones. Les inculcaban los conocimientos más básicos de la tierra. En esa época no existía nada de lo que ahora conoces.
Sus ojos se abrieron exorbitantemente y separó sus labios para decir algo; hice un ademán con la mano pidiéndole que guardara silencio mientras que yo continuase mi relato, ella se limitó a asentir con la cabeza sin quitarme los ojos de encima.
-          Brontë fue criado por dos hermanos, Joseph y Jeremiah; ellos le apreciaban como si de un hijo se tratase y muy seguido narraban la historia de cómo habían encontrado a aquella mujer desfalleciendo en medio de una tormenta, a punto de dar a luz. Veinte años luego de su nacimiento, al anochecer, Brontë asesinó a Jeremiah. Había roto una de las principales bases de nuestra existencia. Ese día, lo único audible fue un grito en la torre norte.- dije recordando aquel fatídico tiempo, a pesar de que habían pasado cientos de miles de años.
Viajé a través del tiempo, hasta llegar a las gruesas paredes de roca del enorme edificio. Era una noche oscura y pacífica; me encontraba observando el cielo como usualmente hacía cada vez que caía el manto oscuro sobre la tierra. Éramos ciento doce jóvenes los que habitábamos entre las paredes de aquel complejo edificio, allí vivían también, nuestros benefactores y seis sabios. Estos últimos habitaban la torre este; teníamos prohibido el acceso a aquella zona, a decir verdad, nunca había logrado ver el rostro de aquellos hombres, rumores se extendían acerca de ellos y su procedencia, pero nunca supinos nada a ciencia cierta. Lo único que teníamos claro era la oscuridad que rodeaba la esencia de Brontë; Había sacada la mitad de mi cuerpo por la estrecha ventana, quería llenar mis pulmones del frío aire nocturno que traía el mensaje de una tragedia, del comienzo del fin de la vida como la conocíamos.
Recargué el peso sobre mis antebrazos y observé el cielo, sus nubes estaban teñidas con un color que nunca antes había visto. Volví a recostarme, acomodando la alpaca bajo el grueso tapete. Cerré mis ojos y me sumí en un leve sueño que fue interrumpido por golpes secos en mi puerta. Me desperecé y la abrí con un crujido; allí estaba Elliot, mi mejor amigo desde nuestra llegada al monasterio.
-          Elliot.- dije con un saludo informal.
-          Alejandro.- contestó el con un deje divertido. Su cabello negro estaba alborotado y sus ojos verdes me veían fijamente, tenía colocada su túnica gris que correspondía al uniforme del monasterio.
Adelanté un paso y cerré detrás de mí la puerta de mi habitación. Caminamos charlando hasta llegar a la nave central donde ya todos estaban reunidos para la cena, murmullos y risas se oían dentro del amplio comedor. Cuatro mesas se extendían a lo largo de la estancia, estas rodeadas por los estudiantes, al final, una mesa se extendía horizontalmente, esta era más corta, sin embargo su altura era mayor a la de las demás. Allí se situaban los institutores y nuestros benefactores. Sin embargo, esa noche solo estaba el hermano Joseph.
Nos situamos en nuestros asientos acostumbrados y nos dispusimos a comer nuestros alimentos. De pronto, un espantoso grito, un alarido de dolor se dejó oír, proveniente de la torre norte. Toda la estancia se sumió en un silencio sepulcral, algunos palidecieron, mientras que otros se veían las caras, buscando consuelo al pánico que crecía dentro de ellos. Me incorporé de un salto y corrí con Elliot pisando mis talones hasta la torre.  Subí los escalones de dos en dos, a pesar de que la larga túnica entorpecía mis saltos; mi corazón palpitaba fuertemente mientras que me acercaba más y más.
Finalmente llegamos al último peldaño, pude ver, al final del pasillo, la leve luz proporcionada por una vela de grasa, esta se colaba desde el interior de la habitación del hermano Jeremiah. Llegué hasta allí en un abrir y cerrar de ojos y, sin pensarlo dos veces abrí la puerta con un fuerte golpe.
Mis ojos casi saltaron de la impresión al ver el horrible espectáculo que se ofrecía ante mí. El cuerpo inerte y sin vida de Jeremiah yacía tumbado sobre el suelo, sus ojos vacios aún eran desbordados por lágrimas, que más que de dolor, corrían por tristeza. Por el hecho de ver a aquel ser, que había criado como su hijo, proporcionarle tal traición. Gire sobe mí mismo, buscando al verdugo del hombre que de manera tan cariñosa nos protegía y nos acogía. La ira se acumulaba en mi pecho y crecía de una forma alarmante, mientras que lo único que podía escuchar era una risa entre dientes. De pronto, emergió de entre las sombras, sus manos y su túnica estaban cubiertas de sangre, y tenía un punto de complacencia y felicidad en sus ojos frívolos y crueles, reía a carcajadas sin quitarme la vista de encima.
En ese momento perdí el control de mis actos y me abalancé sobre él. Elliot tiraba de mí, intentando quitarme de encima de aquel asesino.  Sin embargo, solo reía en reacción a mis golpes. De pronto una mano, fría y huesuda sujetó mi hombro. Me detuve observando aquella figura fantasmagórica. Era uno de los sabios, su mano pálida y larga se había escondido de nuevo entre la tela de su larga túnica color vino. Una amplia capucha cubría su rostro, dándole un aspecto misterioso y terrorífico.
Los otros cinco se encontraban detrás de él formando un semicírculo. Retrocedí hacia donde se encontraba mi amigo para unirme a los que atestiguaban. 

3 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    WOOOWWWWW AMIGOSOCITA DIOS RETROCEDI EN EL TIEMPOOOO ME SENTI AHIII DIOSSS ERES INCREIBLE ANNIE....
    ESTA HISTORIA ESTA MAGNIFIQUE EN SERIO SENTI COMO SI ESTUVIERA EN EL MONASTERIO TODO TODOOOO, NO TENGO PALABRAS ESTA DEMASIADO BUENO EL CAPITULO, ERES SIMPLEMNTE UNICA ANNIE WOWWWW...
    DIOSSSS...

  1. dani... dijo...:

    lo unico que puedo decir es wooooooooooowwwwwwwww el cap te quedo magnifico encerio escribes ala perfeccion en cerio haces que unmo se sienta comos lospersonajes eres fantastica escribiendo ..

    porfa pasate por mi blog es nuevo. dame tu opinion aver que puedo cambiar y si te arece bueno si me lo puedes recomendar es:
    my-s-s-world.blogspot.com

    bye besos gracias

  1. ele dijo...:

    hey esta bien cool tu blog!! te sigo!! que te parece si te pasas por el mio y talves yo te pueda recomendar para que mas personas entren bueno bye te dejo el link

    www.losblackcullenstory.blogspot.com

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