Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 15: ¿Dónde Estás?

sábado, 12 de diciembre de 2009



Me abalancé hacia el pomo de la puerta dando un par de tropezones, no podía ser, él aquí… Me mareé levemente cuando llegué a la cima de las escaleras, mis nervios hacían estragos en mí mientras que me repetía una y mil veces que era producto de mi imaginación.
Sin embargo escuchaba claramente las voces provenientes del salón principal, ligadas a ellas se escuchaban ligeros sollozos que rápidamente identifiqué. Mi madre estaba llorando desconsoladamente mientras que las otras dos voces masculinas hablaban por lo bajo. Me apresuré a bajar las escaleras de dos en dos sin preocuparme de hacer ruido o no; tropecé al llegar al último escalón y caí de bruces aporreándome las rodillas. Mi desconcierto me impulso a levantarme de un salto y lograr irrumpir en el salón.
Tres pares de ojos se posaron el mí, entre ellos, los más hermosos que hubiesen podido existir en mi mundo. Escuchaba mi respiración convertida en resoplos y el cabello caía sobre mis ojos, estaba hecha un verdadero barullo pero en ese momento nada me importaba. Apretaba fuertemente el amuleto entre mis dedos y los observé con una mirada que rayaba en un desafío; los retaba a que me siguiesen ocultando todo lo que sucedía, los retaba a que mi madre hiciera caso omiso a sus propias lágrimas y colocase una sonrisa tranquila entre sus labios. Sin embargo nada de esos sucedió.
Mi padre se corrió suavemente y palmeó el espacio junto a él para indicarme que tomase asiento. Rodeó los hombros de mamá que no paraba de llorar y con su brazo libre acarició mi cabeza con cierto deje lacónico, como si de un reflejo se tratase.  Yo, por mi parte no podía quitar mis ojos de Alexander, allí estaba, el chico de mis sueños sentado frente a mí, en el pequeño estar. Lo único audible durante algunos eternos segundos fueron los leves sollozos y gemidos de mi madre y el odioso tic-tac del enorme reloj.
-          Elliot, Diane.- dijo Alexander rompiendo el tenso silencio que se había apoderado de la estancia.- lo más importante ahora es mantenerla segura. Tomen todo lo necesario de mi bolsa y cubran el perímetro. Yo comenzaré a explicarle algunas cosas a Chelsea.
Mis padres asintieron a la par y se incorporaron; mi madre secó sus mejillas con un delicado pañuelo y pasó junto a mí, me besó en la coronilla y continuó sin echar la vista a atrás. Rápidamente sólo estuvimos Alexander y yo en la estancia, su mirada era dura y sus manos estaban apretadas a ambos lados de sus piernas. Bajé la mirada apenada y respiré ruidosamente, sabía que fuese lo que fuese complicaría aún más las cosas.
-          Chelsea, yo…-comenzó él con voz dura. Negué enérgicamente con la cabeza mientras que él me observaba, sin embargo él continuó ignorando mi gesto.- dije que debíamos hablar, y este es el momento.

-          Yo, yo no…-balbuceé incapaz de formar dos palabras coherentes ¿por qué aquella mirada gélida en sus ojos? ¿Por qué su tono? ¿Qué demonios estaba pasando?

De pronto el estridente sonido del teléfono irrumpió el hilo de mis pensamientos; me levanté de un salto y tomé el auricular mientras sentía la mirada de Alexander en mi nuca.
-          ¿Sí? ¿diga?- respondí con la voz más casual posible. Sin embargo la voz del otro lado del teléfono estaba completamente al contrario de mi tono despreocupado.

-          ¿Chelsea?- chillo la voz de la madre de Emma.

-          Sí señora Parker, ¿qué sucede?- pregunté comenzando a intranquilizarme.

-          ¿E-Emma esta en tu casa?- preguntó mientras que su voz se quebraba en cada sílaba. Una sacudida se apoderó de mi estómago y mi cabeza dio un giro.

-          N-no señora Parker, estuvo hace un rato pero se fue a casa.- dije titubeante. Escuché como del otro lado aquella mujer rompía en sonoros sollozos; el dolor y el miedo hicieron ahínco en mí, me deje caer sobre mis rodillas y las lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro. ¿EMMA LOU, DÓNDE ESTAS? Gritaba en mi interior.

Sentí como un par de manos me levantaban suavemente y me posaban sobre el mueble. Respiraba dificultosamente mientras que mis mejillas se empapaban de manera increíble; sabía que algo estaba mal.
-          Chelse, ¡Chelse!- escuché la voz de Alexander que me sacudía suavemente. Rápidamente volví en mí dejando escapar un sollozo lastimero. Él dio un respingo y abrió los ojos como platos.

-          Emma, Dios, Emma… ¿D-donde está?-dije por lo bajo. Él apreció escucharme y me rodeó con sus brazos.

-          La encontraremos Chelse, tranquila.
Sus palabras hicieron que más lágrimas se desbordasen de mis ojos, sin embargo una parte de mí buscaba idear un plan para encontrarla. Rápidamente deshice su abrazo y volví a abalanzarme hacia el teléfono, mis dedos marcaron el número del móvil de Emma  casi por instinto y llamé. Llevé el teléfono a mi oído mientras que mi corazón golpeaba dentro de mi pecho más y más rápido con cada pitido de la línea.
De pronto los pitidos cesaron y el ulular del viento se escuchó del otro lado de la línea. Sentí como cualquier rastro de color abandonaba mi rostro; Alexander se percató de aquello y tomó el teléfono para colocarlo en altavoz.
-          ¡Chelse! ¡Chelse!... por favor, Chelse…- escuchar la voz de mi amiga hizo que me desplomara de nuevo sobre la alfombra. En su voz estaba duramente marcado el miedo, la desesperación y el dolor.
-          Hola viejo amigo.- dijo de pronto una voz grave y aterciopelada. Su voz sonaba divertida, casi risueña. El cuerpo de Alexander se convulsionó y su voz parecida a un rugido me puso los nervios de punta. 

-          Brontë…déjala en paz, ella no tiene nada que ver con esto- dijo Alexander. Del otro lado de la línea una risa estridente se dejó oír.

-          Alexander, Alexander… siempre igual.- dijo en un tono desaprobatorio, como si estuviese reprendiendo a un niño travieso. Él se tensó y un gruñido casi animal brotó de su pecho. Aquella voz volvió a reír, sin embargo se detuvo en seco con un chasquido de lengua.- Sabes lo que tienes que hacer protector, sino, acepta las consecuencias.
El sonido de la línea inerte de nuevo hizo que el millón de preguntas que se arremolinaban en mi mente intentasen salir a borbotones.
-          Alexander, ¿qué pasa? ¿qué es todo esto?- dije con voz ronca. Él me miró y resopló, incapaz de decir alguna idea completa.

-          Chelsea, no es nada que yo…-dijo tomando mis manos temblorosas.

-          ¡¿NO ES NADA?!- chillé con más fuerza de la necesaria e inmediatamente me derrumbé entre sus brazos. Sentí como mis piernas perdían fuerzas y sollozaba fuertemente mientras que pronunciaba el nombre de mi mejor amiga una y otra vez. La lastimarían por mi culpa.
No podía más que pensar en ello, y por más que buscase una explicación para todo lo que estaba pasando, no podía buscar lógica a la situación. Sentí como la mano de Alexander acariciaba mi cabello y sus labios rozaban mi oído suavemente. Poco a poco volví en mí, podía escuchar mis espeluznantes sollozos y mi respiración lenta y entrecortada; alcé la vista de su hombro para observar los rostros anonadados de mis padres. Me separé de él suavemente y aparté el cabello que caía sobre mi rostro.
Me senté suavemente en el sofá y mi madre estuvo conmigo en un instante, Alexander conversaba sigilosamente con mi padre acerca de la llamada. El rostro de papá se endureció repentinamente al escuchar aquel nombre… Brontë, aquel nombre que había mencionado Alex minutos atrás, el nombre del dueño de aquella aterradora voz.
Mi madre acariciaba mi brazo con su mano y besaba mi coronilla, yo no dejaba de sollozar y gemir mientras que imaginaba como el rostro sonriente de mi mejor amiga era cambiado por una mueca de dolor.
Rápidamente mi padre se situó junto a mí y acarició mi rodilla; me recargué en su hombro suavemente intentando contener mis lágrimas con todas mis fuerzas, Alexander nos observaba desde la puerta de la estancia, de vez en cuando nos lanzaba miradas fugaces antes de volver a clavarla en sus pies, al parecer prefería cedernos un poco de intimidad por su parte.
Estuvimos allí los tres durante algunos minutos, mis padres me rodeaban con sus brazos mientras que yo calmaba, poco a poco, el enorme torbellino interior que amenazaba por absorberme. Lentamente recuperé la calma, mi madre posaba su rostro en mi hombro y acariciaba mi espalda suavemente.
Me removí suavemente en mi asiento y acaricié las manos de mis padres para indicarles que estaba mejor, Alexander salió de su ensimismamiento con un sobresalto y nos vio con ojos ligeramente cansados. Hice una leve señal con la mano para indicarle que se acercase, se sentó en la butaca frente a nosotros y aclaró su garganta.
-          Muy bien.-  mi voz pastosa me sobresaltó, pasé saliva y me preparé para intentar asimilar cualquier situación. Finalmente suspiré.- Creo necesitar una explicación.

2 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    OK YO TAMB LA NECESITO....
    WOWWWWWWW QUE CAPITULO ANNIEEEE, TE PASASTE ESTA INCREIBLE MAGNIFICO ESTAAAA HECHO UNA BOMBA DIOSSSS ME ENCANTOOOO Y YA QUIERO LEER EL PROXIMO, ESTUVO LLENO DE EMOCIONES FUERTES, CUANDO DIJO BRONTE... JURO QUE SE ME PARO EL CORAZON EN ESE INSTANTE, U.U LLORE CON CHELSE POR EMMA U.U POBRECITA EMMA, OJALA QUE NO LE PASE NADA MALO...
    BUENO ANNIE INCREIBLEMENTE PERFECTO

    TE QUIERO AMIGOSOCITA

  1. Mandy dijo...:

    OOOOOHHH NOOOOOO!!!!!!!!!EMMA POBRECITAAA, Q ES LO Q KIERE ESE MALDITOOOOO?ME TIENES SUPER INTRIGADAAAA. CUAL ES EL SECRETOOOOOO?DIOOOS VOY A MORIR DE UN INFARTOO YA MISMOOO.

    AMO TU HISTORIA.

    UN BESAZOOOO
    MANDY

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