Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


Cap. 7: Instituto.

lunes, 26 de octubre de 2009






La inmensa negrura fue dándole paso poco a poco a débiles rayos de luz. Mis ojos dolían y la luz los lastimaba aún más; había permanecido despierta durante toda la noche, una de mis manos seguía en mi cuello y la otra rodeaba mis rodillas. Un golpeteo en mi puerta hizo que diera un respingo.
-          Chelse, arriba.- dijo la voz de papá mientras que giraba la perilla. Me moví alarmada, de pronto un punzante dolor recorrió mi cuerpo, había permanecido ovillada durante todas esas horas y ahora mi cuerpo me pasaba factura. Caí sobre la moqueta con un golpe seco, me quejé por lo bajo y reí de mí misma, mi padre me vio preocupado y me ayudó a levantarme.
Podía sentir el dolor de cada una de mis coyunturas desaparecer a cada paso que daba, papá salió del cuarto y yo salí un par de segundos después, el recuerdo de lo que paso la noche anterior hacía que un escalofrío me recorriese la espina dorsal. Con un saltito adelanté a mi padre y entré al baño; di un paso dentro de la ducha y sin pensarlo demasiado abrí la llave del agua, de pronto un fuerte chorro de agua helada me golpeó de frente, helándome el rostro, y recorriendo todo mi cuerpo; ahogué un grito y maldije por lo bajo mientras que titiritaba del frio y me fijaba en abrir las llaves adecuadamente.
Tomé una ducha con agua excesivamente caliente esta vez, salí y me cepille los dientes. Me observé un rato al espejo y suspiré resignada al ver mi semblante pálido y cansado. Salí del baño para darle paso a mi padre que miraba de reojo el reloj en su muñeca, sabía que debía apurarme porque él estaría listo en unos minutos. Entré de nuevo a mi habitación cerciorándome de encender la luz, abrí mi guardarropa y observé todo lo que allí había durante unos segundos.
Finalmente me decidí por un suéter púrpura y unos vaqueros negros ajustados; me calcé unas zapatillas a juego y peiné mi cabello para colocarme una banda negra y dejarlo suelo. Guardé todo lo necesario en una bolsa y por último lancé dentro mi móvil.
-          ¿Estás lista?- preguntó papá asomando el rostro en el marco de la puerta, levanté mi bolso y lo colgué en mi hombro; asentí suavemente y bajamos las escaleras.
Esperamos un par de minutos a mamá en el recibidor, cuando finalmente bajo salimos de casa y subimos al auto. El trayecto al instituto fue rápido y silencioso, cuando el auto se detuvo lo observé, el mismo enorme edificio color blanco al que solía ir desde hacían ya más de cuatro años.
Me despedí de mis padres y bajé del coche que desapareció al doblar la esquina, suspiré y caminé en dirección a mi renovado reclusorio. Atravesé el enrejado frontal y busqué a Emma con la mirada, caminé rápidamente hacia el primer edificio, en los largos bancos rojos estaba sentada mi mejor amiga.
-          ¡¡Emma Lou!!- chillé ella se levantó de un salto y me rodeó con sus brazos.
-          ¡¡Chelsea Lou!!- gritó. Brincamos y reímos tontamente bajo la mirada de soberbia de los demás estudiantes.
Emma y yo nunca habíamos sido precisamente las más populares del instituto, siempre nos había visto como el par de chicas extrañas que nunca se relacionaban con los demás, “pero… ¿cómo relacionarse con eso?” pensé en el momento en que pasaban frente a nosotras un par de chicas rubias que nos detallaron incesantemente antes de partirse de risa. Les dediqué mi más venenosa mirada mientras que Emma se encogía y escondía el rostro.
-          Vamos Emm…-dije sin dejar de observar aquel par de detestables seres. La rodeé con uno de ms brazos y casi la arrastré hacia el salón más cercano.
-          ¡Olive!- dije con furia en el momento en que cerré la puerta de un fuerte golpe.- me pone de un humor de perros.- Emma se limitó a asentir, ella siempre había sido intimidada por la bandada de cuervos rubios, como solía llamarlas.
Permanecimos encerradas hasta que sonó la campana de entrada, salimos a la carrera hacia la oficina y pedimos nuestros nuevos horarios con la excusa del auto averiado; la secretaria nos observó con cara de pocos amigos antes de darnos a cada una un horario, un mapa del edificio y un pequeño trozo de papel con la contraseña de nuestros nuevos casilleros. Le eché un rápido vistazo al horario antes de soltar un bufido.
-          Física…-dije sin muchos ánimos, Emma suspiró y comenzamos a caminar siguiendo el croquis del edificio de último año. Corrimos en el pasillo cuando vimos al señor Atkins acercarse al otro extremo, entramos jadeantes en el salón y buscamos un par de asientos.
Solo restaban unos pocos así que ocupamos un par al final de la clase, no sentamos justo a tiempo; el profesor Atkins cerró la puerta del salón y revisó con la mirada. No era un hombre muy apuesto, debía medir poco más de un metro cincuenta, su cabello daba luces de haber sido alguna vez castaño, pero ahora estaba cubierto de canas; ante sus ojos estaban unos enormes lentes que hacía que se viera como una mala caricatura, y su voz gruesa y ronca dejaba mucho que envidiar a cualquier otro profesor.
Estuve un poco más de dos horas removiéndome en la silla, no podía creer lo absurdamente aburrida que era esta clase y lo lento que se movía ese maldito reloj. Al sonar la campana juré escuchar las campanas del paraíso sonreí y me levanté de un salto ante la mirada del resto de la clase, casi corrí hacia la puerta tropezando un par de veces en el trayecto.
Salté fuera del salón en el peor momento, sentí un golpe seco en mi pecho y luego el impacto ya tan conocido  con el suelo.
-          Lo siento, de verdad, lo siento muchísimo.- dije juntando los libros del pobre víctima de mi torpeza. En ese instante, apenada, miré entre mis pestañas. Mis ojos se abrieron exorbitados al ver tan hermosa sonrisa; sentí como mis mejillas se encendían al percatarme de que él me veía fijamente.
-          No te preocupes.- dijo con su voz dulce y sedosa. Rozó mis manos con sus dedos al retirar los libros, haciendo que una corriente eléctrica se extendiera por mis brazos y luego por todo mi cuerpo.- disculpa mi descorteza.
Dicho esto extendió su mano hacia mí, la tomé titubeante y me ayudo a levantarme. Sonreí tímidamente y clavé la vista en el suelo, el rió por lo bajo y buscó mi mirada.
-          Bueno, llego tarde a mi clase...
-          Chelsea, Chelsea Hardwicke. - Le indiqué. El sonrió y extendió de nuevo su mano.
-          Alexander Lambert.- dijo él, estreche su mano y sonreí. EL hizo lo mismo y con un además de despedida comenzó a caminar en sentido opuesto a mi clase.
Chasqué la lengua mientras intentaba calmar mi corazón que palpitaba dolorosamente contra mis costillas, una sonrisa tonta estaba en mis labios mientras que su hermoso rostro daba vueltas en mi cabeza. Lo veía claramente: sus facciones marcadas, su mentón fuerte y cuadrado, su piel perfecta y nívea, sus hermosos ojos castaños. Suspiré inesperadamente sorprendiéndome, di un respingo y rompí en risas histéricas por mi reacción.
Emma se acercó a mí suavemente con el ceño ligeramente fruncido y la cabeza hacia un lado. Observándome con curiosidad. Caminamos entre la multitud para llegar a la próxima clase; cuando por fin llegamos al salón ya estaba repleto, quedaba solo la primera mesa libre, cosa que tanto Emma como yo odiábamos. Entramos y tomamos nuestros asientos de mala gana bajo la mirada ceñuda de la profesora de Historia que golpeaba el suelo con sus brillantes zapatos de patente negros.
-          Buenos días alumnos.- dijo la señorita Smith con su característica voz chillona y su perfil de ave. Sonrió con malicia en nuestra dirección y continuó con su charla; bufé y rodé los ojos, aquella mujer era la encarnación misma del demonio, nos había tomado ojeriza desde hacía un par de años y casi nos había llevado a la escuela de verano el curso pasado.
Me recosté del espaldar de la silla y crucé los brazos sobre mi pecho, me quedé observando el enorme reloj que se encontraba sobre la cabeza de aquella desagradable mujer mientras que mis pensamientos se dirigían hacia el otro lado del edificio, hacia Alexander Lambert. Su rostro estaba tallado en mis ojos, su sonrisa era ahora y sería mi perdición.
Un suspiro se abrió paso en mi pecho sin querer, y en el último segundo lo ahogué en mi garganta, produciendo como no que me ahogara. Una tos desesperante me entró a mitad de la explicación del siglo XII haciendo que unos treinta pares de ojos se clavaran en mí, mientras que Emma daba ligeros golpecitos en mi espalda. Finalmente sonó la campana, me levanté intentando pasar desapercibida para no terminar de meter la pata con una estrepitosa caída. Sonreí al verme con ambos pies fuera del salón de clases t rápidamente corrí hacia mi casillero, El de Emma estaba en dirección contraria, así que no podía esperarla. Llegué jadeando a la enorme estructura de metal y giré la pequeña perilla mientras observaba el trozo de papel que me había suministrado la agria secretaria.
-          Listo… y ahora.- dije para mí misma guardando de nuevo el trozo de papel en mi bolsa. Sonreí y tiré de la manilla, pero esto no sirvió de nada; volví a hacerlo con un poco más de fuerza, pero el endemoniado casillero estaba completamente trabado. Resoplé y pegué la frente contra el frio metal, de pronto un cálido soplo recorrió mi nuca haciendo que diera un respingo, mi corazón bombeó fuertemente dentro de mi pecho y abrí los ojos precipitadamente en el momento en que una suave y cálida mano se posaba sobre la mía.
Suavemente tomó mi muñeca y le dio un leve movimiento, con un sonido agudo el casillero cedió y se abrió lentamente; giré mi rostro noventa grados para encontrarme con la brillante sonrisa de Alexander. Rápidamente sentí como se encendían mis mejillas tornándose de un brillante color granate; él rió por lo bajo sin mover su mirada de mis ojos.
-          Gracias.- dije torpemente intentando esconderme entre mis brazos.
-          Por nada.- susurró él a mi oído suavemente, llenándome de su delicioso aroma, una suave mezcla entre el limón y un aroma dulce que no pude identificar.

3 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    AAAAAAAAAAWWWWWWWWWWWWWWWWWW QUE DULCE ESTE CAPIIIII MMMMMM ME GUSTO UN MONTON ES TAN LINDOOOOOOOO....
    MMMM YA LE LLEGO EL PAPI PAPI A CHELSE... HASTA A ELLA YA LE LLEGO :S XD...
    QUE LINDO CAPI AMIGOSOCITA DE VERAS ES TAN DULCEEEE.....
    UNA PREGUNTA EL ES EL QUE LA PASA SALVANDO??? EL ANGELITO DE CHELSE???
    A MI ME SUENA A QUE SI JEJEJE
    BUENO AMIGOSOCITA COMO SIEMPRE UN EXITO TE QUIERO BYE

  1. Amiga:
    Antes que nada quiero felicitarte por que tienes realmente un talento muy bueno como escritora,la historia me ha atrapado estoy muy intrigada de que ocultan los papas de la chica y el extraño que la salvo en el mar, supongo que es el mismo de la escuela queacaba de encontrarse o no?-¡¡ok de cualquier manera me tendras pegada a tu blog!! considerame tu seguidora. te dejo un cariñoso abrazo.

  1. auu Annie!!
    me encanto el capp!
    iciste qe mi corazon se ensanchara asi det an bonito qe estaxD!!!
    me encnta me encanta me encantaxD!!!
    please:D!!! sube prontooxDD jaja me encanta tu historia♥
    la adoro
    cuidate & sigue escribiendo asi amigososaxD
    besos(K)

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