Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


80.- Demencia.

sábado, 10 de octubre de 2009



Rosalie no se separó de mis brazos durante las siguientes horas. Estuvimos deambulando por el pueblo, Rose, Edward y yo buscábamos pistas de la mujer y del rastreador; Esme y Carlisle, vigilaban a Charlie y se encargaban de eliminar cualquier detalle que indicase el paradero de Bella.
La noche cubría el pueblo mientras que Rosalie y yo permanecíamos en el bosque, nuestras manos estaban entrelazadas mientras que escrutábamos la oscuridad en busca de algún indicio de ellos. Edward estaba en casa junto a Carlisle, y Esme “visitó” a Charlie “para buscar información de Bella”.
Las primeras horas de la madrugada se abrieron paso, los luceros que permanecían en el cielo nocturno comenzaron a desaparecer mientras que el astro rey se asomaba por entre las montañas, una densa bruma sumía el bosque en una luz opaca y progresiva; volvimos  a la casa, Edward corría de un lado a otro al igual que nuestro padre. Un bolso cruzó el aire zumbando y golpeó mi pecho.
-          Equipaje ligero, Emmett.- dijo la fugaz voz de Edward.
-          ¿Qué rayos…?-comencé. De pronto me viré hacia Rosalie. La preocupación había vuelto a sus ojos y se aferraba a mi mano fuertemente. La tomé entre mis brazos y subí con ella a cuestas a nuestra habitación.
Coloqué suavemente su cuerpo sobre la cama y lancé el bolso al otro lado de la habitación. Rebusqué en los cajones y situé una pila de ropa dentro de él; Rosalie seguía cada uno de mis movimientos con sus ojos y suspiraba tristemente. Terminé rápidamente de empacar y lancé mi bolso al hombro. Me acerqué a ella y la senté en mi regazo.
-          Volveré lo más pronto posible.- susurré a su oído. Ella abrazó fuertemente  mi cuello.
-          ¿por qué hacemos esto Emmett? Nos arriesgamos por una humana que lo que hace es traernos más y más problemas…- Su voz se quebraba cada tanto. Acaricié su cabello y suspiré.
-          Linda, Edward es nuestro hermano, debemos apoyarlo… debemos entender cómo se siente. Yo intento ponerme en su posición, el solo hecho de que estés en un mínimo peligro me vuelve loco… él intenta ser fuerte, por ella y por nosotros. No te pido que quieras salvarla, no te pido que seas su amiga, solo te pido que seas comprensiva, Edward haría lo mismo por ti.
Ella se separó de mi cuello asintiendo, se levantó rápidamente y abrió la puerta.
-          Creo que debes irte, Edward ya está encendiendo el auto.- dijo intentando sonar despreocupada. Me levanté sosteniendo el bolso y la atraje hacia mí tomando su cintura, la besé suavemente y la sostuve en mis brazos unos segundos.
-          Te amo cielo.- dije acariciando su pequeño rostro, ella me besó por última vez y corrí hacia el garaje.
Al llegar ahí ya Edward estaba sentado en el asiento del copiloto y Carlisle lanzaba su bolso dentro del maletero. Esta vez llevaríamos el auto de Carlisle; caminé rápidamente hacia la parte trasera del auto y guardé mi equipaje, me senté rápidamente en el asiento trasero y cerré la puerta detrás de mí. Edward permanecía inmóvil, sostenía su tabique nasal entre sus dedos sin siquiera respirar, algo iba muy mal, lo sabía pero ignoraba qué pasaba.
En un segundo Carlisle subió al auto y salimos a toda velocidad, pasando en unos segundos el camino de grava y saliendo a la carretera principal con un fuerte chirrido. Suspiré ruidosamente, odiaba esta desinformación… ignoraba qué demonios pasaba, Edward parecía estar a punto de un colapso, y Carlisle conducía a más de doscientos kilómetros por hora en dirección a Seattle.
-          Está bien, ¿alguien podría por favor explicarme qué está pasando?- dije lo más calmado que pude. Edward debió percibir la nota de histeria que sin querer, había tomado mi voz y me miró como si lo hubiese sacado de u trance.
-          El rastreador ha cambiado de rumbo de nuevo, pero esta vez Bella reconoció el lugar de la visión de Alice… ha entrado a la casa de su madre en Phoenix. Planea algo, y me frustra no saber qué es… Tomaremos un vuelo hasta allá y la esconderemos. La llevaremos a Alaska por un tiempo, hasta que ustedes vuelvan y lo eliminen.- Dijo Edward en un zumbido; tomé aire fuertemente y asentí. Esto cada ve tomaba giros más y más inesperados, nuestro plan había cambiado de nuevo y el del rastreador se fortalecía cada vez más. En este momento la balanza se inclinaba a su favor, y lo frustrante era que no podíamos advertir cuando su juego cambiase de rumbo.
Estuvimos en Seattle menos de una hora después; cinco minutos antes de abordar el avión. Edward estaba notoriamente impaciente y tenía un punto de histeria en sus ojos, Carlisle lo vigilaba por el rabillo del ojo, esperando que cometiese alguna imprudencia. El vacío en el estómago característico del despegue de un avión se asentó en mí durante unos cuantos minutos más de lo necesario. Habíamos colocado a Edward en medio de Carlisle y yo, él se limitó a lanzar su cabeza hacia atrás con los ojos fuertemente cerrados, mientras tamborileaba en el apoyabrazos.
-          Aterrizaremos allí a eso de las nueve cuarenta y cinco.- dijo Edward, más para sí mismo que para nosotros.
Suspiré fuertemente, mi mente desvarió durante un rato, mientras que yo evitaba pensar en lo que podía ocurrir con Bella si james llegaba a ella antes que nosotros. Centré mi mente en Rosalie, ella era lo único que calmaba mi ansiedad, así que recordé cada momento junto a ella. Cerré los ojos para saborear mejor cada uno de esos momentos que habíamos vivido juntos, durante más de cincuenta años. Habíamos abordado el avión a un poco más de las cinco de la mañana, estábamos ya cerca de Phoenix, los rayos del astro rey se reflejaban en la fina cortina gris que cubría las pequeñas ventanillas a los costados del avión.
En algún momento la voz inexpresiva y cansada del piloto del avión se dejo escuchar sobre el murmullo de las personas que charlaban a nuestro alrededor.
“señores pasajeros, se les informa que podremos aterrizar diez minutos antes, debido a las favorables condiciones del clima, se les agradece abrochar sus cinturones”.
Aquellas palabras fueron las necesarias pare encender algún interruptor dentro de la cabeza de Edward, que velozmente se abalanzó hacia adelante con los ojos abiertos. Carlisle lo observó con ligero asombro y una sonrisa en sus labios; yo me limité a reír entre dientes por su reacción. Lo único que me intrigaba era cómo haríamos para no “resaltar” con el achicharrante sol de Phoenix.
Tan pronto como el avión se detuvo Edward se levantó de un brinco y nos indicó con su mirada que lo siguiéramos. Una aeromoza lo detuvo cuando apenas había avanzado unos cuantos pasos.
-          Señor, le suplico vuelva a su asiento, los pasajeros de esta sección aun no les corresponde desabordar.- dijo educadamente la pequeña mujer, se trataba de una chica de poco más de veinte años, con escaso metro cincuenta, su cabello negro estaba recogido en un moño detrás de su cabeza. Carlisle y yo dimos un paso adelante cuando vimos que Edward estaba usando todo su poder de “convicción” en la pobre mujer.
-          Por favor señorita…-dijo suavemente colocando su mano muy cerca de la cintura de la mujer, recorrió sus labios con su lengua y la observó fijamente.- mis amigos y yo tenemos cierta… urgencia, por desabordar.
La pequeña chica se ruborizó y bajo su mirada, Edward dio un paso hacia adelante dejando escasos veinte centímetros entre su cuerpo y la azafata. Ella dio un respingo y levantó un dedo hacia Edward antes de desaparecer por la pequeña puerta. Unos segundos después asomó su rostro aún con un tono rosáceo y con un movimiento de cabeza nos pidió que nos acercáramos.
-          Síganme, por favor.- nos indicó, no sin antes recorrernos a los tres con sus grandes ojos verdes.
Cuando abandonamos el avión corríamos a velocidad humana, esquivando a los otros pasajeros que murmuraban enfadados. Tomamos nuestros equipajes rápidamente y salimos hacia la multitud. De pronto Edward se sacudió violentamente y se quedó inmóvil, sus ojos se tornaron negros y sus dientes se apretaron con demasiada fuerza. El pánico y la ira rayaron su rostro, me detuve junto a él al igual que Carlisle.
-          Hijo.- dijo Carlisle, Edward se movió violentamente para esquivar la mano de Carlisle que se dirigía a su hombro. Dio una enorme zancada y comenzó a pisar fuertemente, causando grietas casi imperceptibles en el suelo de granito.
Nos apresuramos a correr tras él, por un instante todo se hizo confuso, la demencia de Edward iba en aumento, Alice sollozaba y se disculpaba una y otra vez… todo era al extremo confuso. Las personas que se encontraban cerca eran la personificación de la confusión. Edward se movía de acá para allá intentando esquivar a Alice, que gimoteaba y se disculpaba, todo lo hacían a velocidad vampírica, así que lo único que se distinguían eran zumbidos y borrones que se movían de acá para allá.
-          ¿DÓNDE ESTÁ, ALICE?- gritó al fin Edward. Sus ojos estaban tintados con un oscuro color negro, toda la vida se había transformado en ira pura, combinada con dolor.
-          Se…se ha ido a la casa de su madre.- dijo ella en un hilo de voz. Edward la miró con ojos fríos y venenosos antes de darle la espalda y comenzar a correr a velocidad humana hacia las puertas, esquivando al resto de la gente.
Alice se desplomó entre los brazos de Jasper en medio de sollozos y gimoteos. Corrimos detrás de Edward, pero ya era tarde. El mercedes negro se alejaba incorporándose al tráfico. Rápidamente alcanzamos un taxi que estaba aparcado del lado oeste de la gran construcción, El hombre nos observó con los ojos descomunalmente abiertos antes de farfullar la usual pregunta, le indicamos nuestro destino y puso en marcha el auto.
Jasper aún sostenía a una derrumbada y sollozante Alice que repetía incesante una y otra vez “es mi culpa”. Carlisle con una seña le pidió al conductor que cerrase la ventanilla de cristal que nos separaba de él. Aquel hombre asintió y cumplió su petición sin titubear.
-          ¿qué fue lo que paso?- preguntó Carlisle secamente sin mirar a nadie. Yo observé a Alice que había dejado de sollozar y luego a Jasper que seguía aferrándola en su pecho.- ¿qué pasó?- volvió a preguntar cuando nadie respondió.
-          Bella, Bella se fue.- dijo Alice alejándose del abrazo de Jasper.- estábamos en el aeropuerto y…y ella pidió que Jasper la  acompañara a desayunar.
-          Ella, me dijo que entraría al servicio de Damas. La esperé varios minutos y cuando vi que no salía, pues… llamé a Alice e irrumpí en el baño.- Jasper hizo una pausa.- Aquel baño en específico tenía dos salidas. Seguí su olor hacia uno de los ascensores y hasta afuera del aeropuerto.
-          En ese momento tuve una visión.- La voz de Alice titubeó.- la vi a ella… fue a la casa de su madre y luego en dirección al salón de los espejos; El cazador reía y luego… luego…- Alice volvió a irrumpir en sollozos.- Discúlpenme… por favor.
Carlisle alzó una mano en su dirección y su gesto se tornó pensativo.
-          ¿Edward, a dónde ha ido?- preguntó.
-          A la casa de Bella. Aunque el estudio de Ballet no está lejos.- dijo Alice.
-          ¿llegaremos… a tiempo?- preguntó dubitativo Carlisle.
-          No lo sé.- respondió con pesar Alice.

1 comentarios:

  1. Karen dijo...:

    OMR OMR OMR QUE EMOCIONNNNNN YA CASI MATAN A JAMES.....
    NO SE COMO QUE SI ESTOY AGRESIVA ULTIMAMENTE QUE MALLL... MIS INSTINTOS ASESINOS ANDAN A FLOR DE PIEL.... JAJAJAJAJAJA
    DIOS QUE EMOCIONATE.....
    OMR ANNN PORFIS PORFIS ACTUALIZA LO MAS PRONTO POSIBLEEEE
    TE QUIERO AMIGOSOCITA MUCHISIMO ERES MUY IMPORTANTE PARA MI ERES UNA GRAN AMIGA....

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