Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


64.- Preocupación.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Luego de un rato Alice se unió a nosotros en el jardín; todo el lodo y la sangre habían desaparecido con el vestido hecho trizas; en su lugar había sido reemplazado por una camisa sin mangas de un color azul oscuro junto a una falda gris plisada que llegaba a sus pantorrillas; se sentó en el regazo de Jasper que mecánicamente la rodeó con sus brazos. Ninguno mencionó palabra; Alice se limitaba a peinar con sus dedos el cabello de Jazz y Rosalie trazaba pequeños círculos en el anverso de mi antebrazo.

De pronto pude sentir el efluvio de Edward que se acercaba por el bosque; Rose resopló por lo bajo antes de respirar profundamente, supe que lo hacía para calmar su volátil carácter. En unos pocos minutos apareció entre los árboles mientras se carcajeaba, se acercó a una distancia prudencial de nosotros y Alice torció poniendo los ojos en blanco.

- Edward… querido, ¿puedes venir un segundo?- llamó la vocecilla de Esme desde la cocina; Carlisle llevaba varias horas en casa intentando descifrar con Esme un libro de cocina. Ed desapareció por la puerta y Alice resopló.

- Debe saber que me debe un vestido, era nuevo.- dijo refunfuñando. Nos observó y suspiró.- fue él, le dije que se encargara de un ciervo mientras yo iba por el otro.- continuó haciendo una pausa para suspirar enfadada.- pero se quedo parado con cara de tonto y el maldito animal me revolvió por el suelo.

Jasper llenó el ambiente con una indescriptible paz, haciendo que todos nos relajáramos, el cuerpo de Rosalie casi se derritió entre mis brazos, y un leve suspiro emergió de su garganta. Estuvimos allí sentados sin percatarnos de la densa niebla que nos rodeaba; no fue hasta que los tenues rayos rosáceos de las primeras luces del día cruzaron el cielo que Rosalie habló.

- A ver si entonas tu don hermanita.- dijo torciendo ligeramente el gesto; sabía que se debía a su predicción del clima. Alice salió de su letargo y la observó fijamente.

- Po favor Rose yo dije que la tarde sería soleada, no todo el día.- dijo en tono de reprimenda; Rosalie la miró con el ceño fruncido y le sacó la lengua; en momentos así parecían dos niñas peleándose.

En el piso de arriba podía oír los pasos nerviosos de acá para allá que daba Edward. Al cabo de un rato se detuvo en seco; supe que era hora de ir por la humanita. En menos de un segundo Edward estaba en la puerta exterior de la cochera.

- Hora de irse.- dijo con un suspiro apenas audible, al que casi todos correspondimos con una sonrisa. Rosalie se limito a rodar los ojos y respirar profundo; sonreí por su comportamiento de niña mimada mientras observaba como el pequeño volvo plateado salía por el angosto paso hacia la carretera principal.

En ese momento me levante de mi asiento de un salto, haciendo que Rose balanceara los brazos para no terminar en el suelo húmedo del jardín. El ambiente seguía cargado de una neblina tan densa que podría cortarse con un escalpelo. Suspiré ruidosamente para evitar que mi preocupación por lo que sucedería este fin de semana se hiciera demasiado obvia; sin embargo en el rostro de cada uno se podía observar lo mismo que yo sentía en mi interior: miedo, preocupación…duda.

Entre a paso lento a la casa; Esme había pasado mucho tiempo observando programas de cocina en la pequeña TV que se encontraba en la cocina; esta vez tomaba notas de un hombre gordo con un ridículo bigote que se limitaba a mover de acá para allá el contenido de una olla hirviente. Al sentir mis pesados pasos me dedicó una mirada rápida antes de palmear suavemente la silla junto a la suya y dedicarme una sonrisita. En un instante estuve sentado en el alto taburete junto a ella.

- ¿italiano?- dije al ver las líneas con perfecta caligrafía escritas sobre el papel.

- Algo debe tener siendo su nombre Isabella.- contestó ella sonriente sin desviar sus ojos del hombre italiano que ahora cortaba en largas cintas algún vegetal verde, no muy apetitoso. Suspiré ruidosamente pensando en lo que estaría haciendo Edward en este instante; Traté de imaginarlo junto a Bella en el pequeño prado, el clima comenzaba a cambiar, el sol salía de entre las nubes y sacaba de su piel aquellos destellos característicos de nuestra especie. La imaginé a ella en un estado de sopor mientras lo observaba, atontada, inocente, indefensa; de pronto mi boca se inundó en el sabor de la dulce ponzoña que se acumulaba. Suspiré antes de fingir que oía el inservible programa.

- Tranquilo cariño.- me sorprendió Esme pasando cariñosamente su mano por mi espalda.- debemos confiar en él… se que podrá hacerlo.- dijo en su tradicional tono maternal.

No me quedó más que sonreír y confiar ciegamente en sus palabras, y sobre todo en el autocontrol de mi querido hermano. Ambos suspiramos ruidosamente y ella rió grácilmente pasando su maternal brazo por mis hombros, en instantes como esos me sentía como un niño de nuevo.

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