Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


60.- Compromiso.

lunes, 31 de agosto de 2009




- ¿Emmett?...¡EMMETT!- gritó la fina voz de Rosalie en medio de la noche; salí de mi sopor con un sobresalto y le sonreí, ella me dedicó su mejor mirada de desconcierto.- ¿me puedes decir ahora que te pasa?- preguntó aun con la confusión en su voz.

- Oh… no es nada cariño, sólo que el anillo; recordaba por un instante.- dije en voz baja tomando sus pequeñas manos.- ella sonrió tímidamente y me miró con ojos tiernos.

- Sí, recuerdo ese día perfectamente.- dijo con una sonrisa.- aún vivíamos en Nueva Inglaterra, sólo nosotros cinco; Alice y Jasper llegaron varios años después.- se detuvo para sonreírle al vacío, rocé se mejilla con el revés de mi mano y ella sonrió.- ¡todo fue un complot! Esme ese día me sugirió que me pusiera mi hermoso vestido de tirantes rojo “no hay razón alguna querida” dijo cuando le pregunté.- me reí de su imitación de nuestra dulce madre adoptiva y coloqué mis manos detrás de su espalda.

Al salir de la tienda volvimos corriendo a nuestro coche, estábamos a mitad de la década de los cuarenta; Carlisle conducía un Ford Coupe 1940 color negro, el mejor auto según varios diarios de la época. Nuestro plan era perfecto, Carlisle y yo saldríamos en busca del anillo, inicialmente iría Edward por mí debido a que mis ojos seguían teniendo una tonalidad parecida al carmesí; Esme se quedaría en casa para preparar y entretener a Rose para evitar sospechas.

Pude ver la pequeña casa sobre un altozano, mientras recorríamos la vieja carretera de tierra mis nervios se acrecentaban, respiraba tomando bocanada de aire aunque no lo necesitase; Carlisle reía por lo bajo, supongo que se debía a mi reacción. El auto subió por el camino de grava y se detuvo frente a la fachada de la casa. Si mi corazón pudiese latir se hubiese salido de mi pecho en ese momento; cerré mis ojos y respiré profundamente antes de bajarme del auto y correr hacia la puerta de hierro forjado.

Intenté amoldar los rizos que caían sobre mi rostro sin ningún final muy productivo, en ese momento sentí el sordo sonido de las sandalias de Rose, fue ahí donde entendí que era lo que más quería y que no necesitaba retrasarlo más.

- Buenas tardes hermoso caballero.- dijo Rosalie entre pequeñas risitas; en ese instante estaba de pie a mitad del bosque, escuchando a mis recuerdos; de pronto caí en cuenta de lo que pasaba. Abrí mis ojos lentamente que no tardaron en acostumbrarse a la poca iluminación de la noche, y allí estaba ella, tan radiante y hermosa como la que segundos antes estaba detrás de mis párpados, pocas diferencias las separaban además de medio siglo de diferencia.

- Lo son hermosa señorita; en gran parte por su presencia.- contesté en voz baja; mis recuerdos se hacían eco de mi voz y eso m hizo sonreír.- es por eso que quiero pedirle algo.- evoqué el momento en que hinqué una rodilla en el suelo y saqué la pequeña cajita de terciopelo del bolsillo de mi enorme sobretodo marrón.

En ese momento sentí la humedad de la tierra atravesar la gruesa tela de jean de mis pantalones y observé el pálido y hermoso rostro de Rose bañado por la luna.

- Hoy… Rosalie Hale, me has dado ojos aunque solo a ti te quiero ver, me has dejado oír el trinar de miles de aves que no se compararían jamás con la musicalidad de tu reír, me has dado alas para volar y hoy elijo hacerlo junto a ti; por eso, con este anillo te pido que unamos nuestros caminos de una vez y para siempre.- Los ojos de Rosalie relampaguearon y una sonrisa brotó de sus labios, justo y como recordaba aquel día.

- Eres tú la vida, eres tú mi luz, mi motivo para seguir, lo único que necesito, eres TÚ.- dijo Rosalie, en ese momento aquel hermoso recuerdo se había ido, siendo suplantado por nuestras voces en la oscuridad. Busqué dentro de mi abrigo el pequeño estuche de cuero negro que durante varios meses resguardé y dejé que los ojos de Rose recorriesen su interior, en él se abrigaba un pequeño anillo en forma de enredadera que finalizaba en un pequeño diamante. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y su sonrisa se ensanchó, rápidamente movió el anillo de rubí a su mano derecha. Tomé la pequeña joya y la coloqué suavemente en su dedo desnudo; la pequeña piedra reflejó fugazmente la luz de la luna que se cernía sobre nosotros antes de que Rosalie saltara hacia mis brazos. En ese instante supe que tenía todo lo que necesitaba para ser feliz, la tenía a ella.

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