Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


59.- Cazando.

domingo, 30 de agosto de 2009

Ese día transcurrió lenta y tranquilamente; de nuevo en el instituto, un almuerzo sin nuestro hermano y largas y tediosas horas de clases. Volvimos en mi auto a casa, sin muchas palabras en realidad; acaricié con mi pulgar el dorso de la mano de Rose y ella me correspondió con una sonrisa. Las manchas bajo sus ojos le daban a su piel una apariencia más pálida, haciendo un contraste fantasmal; al llegar Jasper y Alice bajaron del coche, al parecer Alice estaba más emocionada que el mismo Edward por las eventualidades de este fin de semana, por supuesto que aún no se lo habíamos notificado a nadie pero de seguro conseguiría una buena excusa para prepararlo todo sin que se diesen cuenta, aún.

En menos de un segundo estaban saliendo de la cochera en el auto de Carlisle con destino a Seattle. Reí al ver la cara de resignación de Jasper antes de que desaparecieran de mi vista, Rosalie pasó sus manos sobre mis hombros y apoyó su rosto en mi espalda.

- Bueno señorita.- dije virándome para verla a los ojos.- ¿Qué te parece si vamos a dar un paseo al bosque?- pregunté sonriendo, ella asintió con la cabeza antes de llevarse instintivamente ambas manos suavemente a la garganta. La besé lentamente y salimos hacia la opaca luz del día.

Corrimos de la mano, adentrándonos más y más al bosque, cruzamos los límites del estado a través de las zonas boscosas, cruzando una que otra carretera demasiado rápido como para que los conductores se percatasen; de pronto nos detuvimos en seco. En un claro cercano se encontraba una pequeña manada de ciervos, pero eso no fue lo que llamó la atención de Rose, en una rama cercana se encontraba un leopardo acuclillado y preparado para abalanzarse sobre ellos. Un brillo cruzó sus ojos antes de sonreír y correr furtivamente hacia el felino.

Verla cazar era sin lugar a dudas un espectáculo, resultaba increíble ver cómo dominaba a su presa como si se tratase de un juego; eran impecables sus movimientos, daba saltitos de un sitio a otro esquivando cada ataque del animal; sabía de sobra que no era necesario aquello, simplemente a ella le gustaba… jugar con la comida. Al final saltó sobre él con una gracia sorprendente y en menos de un segundo ya estaba alimentándose. Se dirigió a mí aún saboreando sus labios que había adquirido una tonalidad escarlata, sus colmillos relampaguearon cuando sonrió abiertamente antes de rodear mi cintura con sus manos.

- Es tu turno.- dijo rozando sus labios con los míos. Sabia q en la caza de hoy no habría ningún tipo de diversión, mucho menos adrenalina; salté hacia la manada de cervatillos que se había vuelto a unir unos cincuenta metro hacia el norte.

Luego de alimentarme rápidamente me volví a reunir con Rose que me esperaba en el claro, tenía su mirada perdida y su cabello bailaba con la brisa; caminamos un largo rato de la mano por el bosque, aunque ella no se diese cuenta intentaba llegar hasta aquel claro donde tuve mi primer recuerdo humano, tal vez pudiese volver a evocar aquel recuerdo y encontrar una respuesta.

- Cariño, ¿estás bien?- preguntó Rosalie cuando el cielo del bosque comenzaba a tomar el color purpúreo que caracterizaba los atardeceres de Forks; estaba tan sumido en mis pensamientos que no noté que mi ceño estaba profundamente fruncido y mi mano estaba cerrada en un puño tan fuertemente que cada músculo y cada vena de mi brazo sobresalían en mi piel.

- ¡Oh!.- dije mientras abría mi mano y relajaba mi brazo.- no es nada cariño, sólo pensaba un poco.- dije sonriendo, ella me miró con extrañeza y se encogió de hombros antes de seguir caminando.

Caminé prestándole mucha atención al paisaje, no podía pasar ningún detalle por alto si quería averiguar q pasaba, Rose siguió dedicándome miraditas nerviosas con sus ojos que volvían a ser del color de la miel. De pronto el sendero se aclaró ante mis ojos, podía ver el prado a unos veinte metros de distancia, aquel sitio bañado por la luz de la luna llena que pareciese que encerrara magia en él.

Solté un “Ajá” que penetró el silencio haciendo que sonara como una especie de rugido; Rosalie dio un traspié y me miró con ojos como platos.

- ¡E-Emmett Cullen!- dijo aún sobresaltada con su mano derecha sobre el pecho.- ¿podrías por favor decirme por qué me das estos sustos?

Sonreí nerviosamente buscando una salida fácil de la discusión y la encontré, en su dedo anular brillaba a la luz de la luna un anillo de plata al estilo victoriano con un enorme rubí que sobresalía de él, sonreí al recordar el día de nuestro primer compromiso formal.

En ese entonces vivíamos en la pequeña casa en las afueras de Nueva Inglaterra, yo había salido con Carlisle bajo la excusa de comprar comida humana para evitar sospechas, cuando nos perdimos de su vista fuimos a cada joyería del pequeño pueblo; habían anillos de todas clases, formas y colores pero ninguno era de mi agrado, salimos del auto hacia la ventisca de invierno y caminamos por la acera de piedra. De pronto algo captó mi entera atención, una pequeña tienda en la esquina. Prácticamente corrimos hacia la fachada de madera con un anuncio dorado que decía “ANTIGÜEDADES HODKINS” al abrir la puerta sonó la campanilla y un hombre pequeño apareció detrás del mostrador.

- Buenas Tardes señores.- Dijo con una voz chillona.- ¿en qué puedo servir a tan honorables caballeros e día de hoy?.

- Estoy buscando un anillo de compromiso.- dije observando el sinfín de joyas que se extendía bajo el grueso vidrio del mostrador. El hombre sonrió.

- Porque mi experiencia nunca me falla supongo que la venta de hoy será algo especial.- dijo en un tono sugestivo antes de bajar del taburete donde estaba sentado plácidamente; su cabeza canosa desapareció obligándome a asomarme por encima del pequeño mueble de vidrio para observarlo.

El pequeño hombre de unos setenta años revolvía cajones llenos de polvo y abría puertas de aparadores y estanterías.

- Aquí está.- dijo en un tono de voz muy bajo cuando abrió un cajón cercano al suelo en un estante mugriento; se levantó con una pequeña cajita de terciopelo carmesí entre sus manos y la colocó sobre el mostrador haciendo un ademán con la mano para que mirásemos lo que contenía. Mis ojos relampaguearon y una sonrisa cruzó mi rostro, ¡era perfecto! Un rubí tallado en forma triangular era bordeado con la más fina plata, el grosor era perfecto para los pequeños deditos de Rose.

- Este anillo lo reservaba, siempre tuve la intuición de que algún día vendrían por él.- dijo con una sonrisa fugaz y distraída.- Perteneció a la acompañante del Gran duque de Luxemburgo Enrique de Nassau. Según se dice antes de que partiese hacia su destino letal, le obsequió este anillo a su amada; nunca se conoció su nombre.

Carlisle permaneció pensativo mientras escuchaba la historia, el anillo reposaba en el pequeño estuche mientras que el dependiente sonreía. Pagamos el bajo precio y salimos de la pequeña y acogedora estancia.

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