Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


58.- Premonición.

viernes, 28 de agosto de 2009

Poco a poco Esme, Carlisle y Jasper también salieron de la habitación, quedando solamente nosotros tres; Alice se acercó con un aire triunfal a Edward que le dedicó una sonrisa pensativa, aclaré mi garganta ruidosamente y fruncí el ceño exigiendo una aclaratoria, mi pequeña hermana se limitó a sonreír y suspiró antes de comenzar a hablar sin quitarle los ojos de encima a Edward.

- Bueno hermanito, lo que pasa es que a nuestro adorado hermano se le acaba de ocurrir invitar a la pequeña Bella a una casa repleta de vampiros ligeramente inestables.- con esto último supe que se refería a Rosalie con su ira y a Jasper con su ligero problema de… apetito.

No supe cuán desmesurado era el tamaño de mis ojos hasta que Edward me miró.

- Emmett… bueno, tal vez si soy yo quien se lo digo a Rosalie, pues tú…- balbuceó torpemente; ¡pero la idea era un completo suicidio! Rosalie no dudaría siquiera un segundo para abalanzarse sobre él, y más basándose en el estado de suspensión que llevaba su relación de hermanos desde hace algunos días.

Suspiré ante la expectativa, a decir verdad decirle aquello a Rosalie no sería para nada fácil, pero dejarlo pasar y que la vea acá ese día sería peor. Dirigí mi mirada hacia el bosque, la luna proyectaba alargadas sombras de los altos árboles y su luz se reflejaba en el agua del rio, sacando destellos plateados del cabello de Rose. Sin decir otra palabra corrí hacia allí, aún corriendo a una velocidad cercana a la del sonido aquella distancia hacia Rose se me hacía una eternidad. Llegué caminando atrás de ella; e acerqué aún más y me deje caer a su lado, sus ojos estaban cerrados mientras que dejaba que la luz de la luna la bañara, su respiración era lenta y pausada. Esbozó una media sonrisa cuando tomé su pequeña manita y abrió lentamente los ojos.

- Lo siento cariño.- dijo en un susurro. Puse mi dedo sobre sus labios helados y ella sonrió ampliamente.

- No tienes por qué disculparte, todos nos sentimos frustrados por algo; nadie te culpa linda.- dije acariciando su rostro con el dorso de mi mano. Ella bajo su rostro y su cabello cayó en cascada, ocultándolo aún más. Suspiré y la tomé con delicadeza acunándola entre mis brazos; ella se acurrucó y ocultó su rostro en mi pecho. La rodeé con mis brazo, como si se tratase de una niña, acaricié su cabello mientras que su cuerpo se relajara por completo.

- De hecho en el tema de liberar frustración… se me ocurre una muy buena manera.- dije con tono pensativo; sentí su risa cantarina entre mi pecho antes de acompañarla de la mía un poco menos musical.- ¡no! Es en serio…- dije cuando sus risas cesaron sólo para que volviese a empezar.

- Ay querido.- dijo tumbándome sobre el césped luego de calmar sus risas.- ¿qué sería de mí sin ti?- concluyó repitiendo la mismo que había dicho esa tarde; cada vez que ella mencionaba aquella frase mi corazón muerto y helado saltaba; la besé tiernamente apenas rozando sus rosados labios antes de que ella atrajera mi rostro con sus manos, aquel beso se iba tornando más y más apasionado, nuestros labios se movían al compás de nuestra propia música. Allí estuvimos un largo rato sentados, abrazados sin decir palabras pero comunicándonos perfectamente. El amanecer se dejo ver algunas horas luego, tomándonos por sorpresa a mitad de un beso cálido a nuestro tacto.

Rose se quejo antes de revolverse ligeramente para ocultarse de los pocos rayos del sol que evadían las nubes grises. Me moví ligeramente para ocultarla de uno que daba de lleno sobre su rostro. Ella sonrió y acarició mi rostro con la punta de sus dedos antes de girar sobre mí rápidamente; La luz bañaba su espalda y sacaba destellos de su cabello, en ese momento acerté en que ni la belleza de los Ángeles podría superar a la de aquella radiante sonrisa, sus pequeñas carcajadas cantarinas, sus ojos extremadamente expresivos y tímidos; no había nada que necesitase más que a ella, su cuerpo, su risa, su Amor.

Coloqué detrás de su oreja un mechón de cabello que bailaba en el viento, Sus ojos se habían tornado completamente negros y las ojeras que se encontraban debajo de ellos eran similares a profundos moretones; repase las hinchadas bolsas purpúreas con el dorso de mi dedo pulgar; atraje su rostro hacia mí y besé con suavidad sus ojos, recorrí su respingada nariz con mis labios hasta llegar a los suyos y fundirlos de nuevo en un beso, uno en el que plasmé mi necesidad de ella, mi deseo, mi amor. Aún sin dejar de pensar en el momento de hacerle frente y confesarle los planes de Edward, además de mis horribles recuerdos.

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