Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


52.- Ley del hielo.

domingo, 16 de agosto de 2009

La atmósfera siguió electrizante durante un largo tiempo; sonrisas tranquilizadoras se posaban en el rostro de toda mi familia, que intentaba sin resultado alguno rebajar la tensión que se había apoderado de nosotros. Pude escuchar cómo unos ligeros pies caminaban grácilmente por el suelo de mármol del enorme recibidor y que por un momento dudaron frente a la puerta; en ese instante Rosalie apareció con sus enormes ojos llenos de curiosidad en el umbral de la puerta, para el sobresalto de todos los que se encontraban sumidos en sus pensamientos o simplemente demasiado distraídos como para escuchar como ella se acercaba paso a paso.

- ¡Volví!- dijo por lo bajo cuando la envolví con mis brazos. La levante sin ningún esfuerzo uno centímetros del suelo y rocé mis labios con los suyos. A mi espalda pude oír un ligero suspiro de alivio que procedía de el rostro de la ahora relajada Esme; Carlisle esbozó una sonrisa de tranquilidad y Alice se deshizo de las manos de Jasper que sostenían sus caderas y de un salto llegó junto a Rose dándole un abrazo que podría hacer polvo algunas costillas humanas. Me volví hacia donde estaba Edward que observaba a Rosalie con una mezcla de alivio y vergüenza, si de algo podía estar seguro era que esta situación sería más difícil que cualquier otra, y que ahora Rose aplicaría la sanción más pasiva y al mismo tiempo desesperante: su ley del hielo.

Paso algo de tiempo mientras que casi toda la familia se acercaba a Rosalie y besaban sus mejillas, peinaban su cabello y la abrazaban con fuerza; ella se veía más radiante de lo acostumbrado, sonriendo y explicando que se sentía perfectamente. Tal vez era que en nuestra familia nadie se había enfermado desde hace más de medio siglo, debido a que nuestra naturaleza no nos permitía atrapar ni el más pequeño de los resfriados, o por lo menos en el aspecto de las enfermedades. Tal vez eso daba de que pensar a los colegas de Carlisle que trabajaba con enfermedades muy contagiosa y nunca lo habían visto estornudar siquiera. Aquel pensamiento hizo que una risa intentara salir desde el pecho de Edward y que éste a su vez la reprimiera haciendo que se transformase en una especie de bufido; todos se viraron hacia él con la extrañeza y lego la gracia dibujada completamente en cada par de ojos cobrizos; a excepción de unos de largas y rizadas pestañas que miraban en una dirección totalmente opuesta. Resople mientras hacía rodar mis ojos porque, dentro de mí sabía que iba a quedar en medio de esta confrontación.

Subimos corriendo a prepararnos para otro día de aburrido instituto; todos seguían con un poco de recelo los saltarines pasos de Rose, que revoloteaba de acá para allá, yendo y viniendo desde nuestra habitación hasta la de Alice y Jazz.

- ¡Ey Emm! ¿puedo entrar? – dijo la vocecilla cantarina de la pequeña Alice desde el umbral de la puerta.

- ¡CLARO HERMANITA!- vociferé mientras abotonaba rápidamente los botones de mi camisa color azul marino.

Ella entró con su caminar bailarín dando pequeños saltitos, aun con el ceño fruncido y su labio inferior un poco salido se veía muy grácil mientras atravesaba la habitación, cuan ninfa en el bosque.

- ¡Hola hermanito! Me preguntaba si sabes a donde ha ido Edward esta mañana…

- Se ha ido a algún… OHH…- exclamé entendiendo lo que se había pasado por la cabeza de mi hermano.- de seguro fue a la casa del jefe Swan. Ahora que la pequeña niña es la víctima victoriana de nuestro hermano vampiro.- dije haciendo un ademán con la mano mientras hacía rodar mis ojos. Alice rió por lo bajo y golpeó con fuerza mi brazo.

- Es en serio Emmett…- dijo con seriedad.- me tiene preocupada, ayer nos dijo que iríamos en su coche y…

- ¿quién dijo coche por acá?- exclamó Rosalie entrando a la habitación y colocando sus brazos alrededor de mi cintura.- es que hoy quiero llevar a mi bebé al instituto, así que si quieren ir conmigo sería un placer llevarlos.- concluyó con una sonrisa pícara, estaba claro de que eso había sido más una invitación que una sugerencia.

- ¡Oh genial!- dijo Alice sonriente.- llamaré a Jazz.- y diciendo esto desapareció corriendo hacia su alcoba.

- Muy bien señorita.- dije girando sobre mis talones para quedar con mi rostro a escasos centímetros del de Rosalie, atrayendo su pequeño cuerpo hacia el mío usando mis manos alrededor de sus caderas.- sabe que estamos solos… en nuestra enorme habitación.- continué hablando entrecortándome con cada beso que colocaba sobre sus hombros y su cuello; ella rió tontamente y paso sus brazos sobre mis hombros, entrecortando su respiración y echando su cabello hacia un lado mientras mis labios trazaban el camino hacia el hueco entre su cuello y su oído derecho. La levanté en brazos con la misma facilidad de siempre y coloqué su pequeño cuerpo contra la pared, su espalda se arqueaba mientras recorría su cuerpo con mis labios, trazando el escote de su camisa y mordisqueando juguetonamente sus hombros y el lóbulo de su oreja.

- Emm… - dijo jadeante, apenas respirando.- no debemos… no ahora.- colocó sus manos en mis hombros mientras que yo alejaba lentamente mis labios de su pálida piel; me abrazó fuertemente mientras que la colocaba de nuevo en el piso.- luego…¿sí? .- concluyó posando sus labios carnosos sobre los míos con fuerza y enrollando mi cabello entre sus dedos.

- Claro que sí.- dije separándome de ella de mala gana.

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