Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


44.- Solo.

domingo, 19 de julio de 2009

Al entrar a la amplia casa Jasper, Alice y Esme nos esperaban en el salón; una atmósfera inusual llenaba el aire de la casa mientras que ellos nos daban explicaciones sobre Carlisle y Edward, nunca me había sentido así mi mente flotaba en aquel mar de recuerdos que aquel bosque había invocado en mí, y lo que más me impacientaba era no recordar aquel rostro que ahora ocupaba mis pensamientos.

- ¡¡¡EMMETT!!! – el grito de Jasper me saco de mi ensimismamiento; la sala estaba completamente desierta.

- ¿Eh?... ¿Dónde rayos…?- dije totalmente confundido.- Oh… Edward y Carlisle voy a ir a ayudarlos.-dije antes de que Jasper me sujetara por mi camiseta y diera un gran tirón que casi me hace caer.

- Emmett… me podrías decir ¿QUÉ DEMONIOS PASA CONTIGO?- preguntó con su cara repleta de una mezcla de confusión, intriga y preocupación.

- ¡Ah nada!- dije llevando una de mis manos a la cabeza.- no me siento muy bien… voy a mi habitación un rato.

Jasper me miró con ojos escépticos mientras que subía por las escaleras; La habitación estaba en una oscuridad total cuando entré, así que cerré la puerta pasando el pestillo y me sumergí en aquella negrura.

Llegué a tientas al borde de la cama y me senté en ella mientras que colocaba mi cabeza entre mis manos; millones de preguntas venían a mi mente con cada segundo que pasaba y un afán de saber sobre aquellos recuerdos invadía mi cuerpo llenándome de desconcierto. Cada parte de mí sentía un vacio al evocar aquel recuerdo, aquel rostro sin nombre que se colaba a mi mente cada vez que bajaba la guardia.

Sentí pequeños pasos sobre el suelo marmoleo de las escaleras, alguna de las chicas se acercaba a la habitación, busqué desesperadamente una forma para zafarme de millones de preguntas provenientes de la profunda imaginación de Rose. Al fin pude encontrar el pequeño seguro de la ventana y salté hacia la noche que me había causado todo este problema. Corrí con todas mis fuerzas internándome más y más en el bosque, buscando con desesperación el último rayo de esperanza que tenía, aquel claro donde todo empezó. Busqué como loco aquel lugar evitando cada árbol que se interponía en mi camino; hasta que por fin encontré aquel rastro, la brisa trajo a mí el ligero y casi imperceptible aroma de Rosalie.

Seguí aquel olor como si mi vida dependiese de ello, hasta que llegué al gran sauce llorón que se encontraba bordeando el claro, coloqué mis manos sobre él por un instante; camine hacia el prado mientras miraba la luna, me tumbé sobre la hierba que se había humedecido con el fresco rocío. Cerré mis ojos e inspiré aquella magia, percibiéndolo todo en cada uno de mis sentidos podía escuchar cómo la brisa silbaba a través de los árboles y movía la hierba agitando las hojarascas; aún con mis ojos cerrados percibía la brillante luz de la luna que se derramaba sobre mí. Intenté relajar cada parte de mi cuerpo mientras visualizaba aquel rostro; aquellos ojos extremadamente expresivos y fulminantes, aquella sonrisa tan cálida su piel tostada por el sol, pero sobre todo su aspecto tan familiar hizo que mi cuerpo fuese recorrido por un extraño escalofrío.

Apreté mis ojos intentando fijar esa imagen, intentando recordar de quién era aquel rostro, no era como yo, de eso no me quedaban dudas; de ella brotaba una calidez inigualable.

- Emmett cariño…ven aquí.- canturreó una vocecilla. Abrí mis ojos de par en par.

- Pero… yo… oh un rato mas ¿sí?- se dejo oír la pequeña voz de un niño.- Perdí el control de mi cuerpo que empezó a temblar descontrolado.

- Está bien querido… recuerda que debes tomar un baño antes de que llegue tu padre.- volvió a canturrear aquella delicada y acogedora voz.

Cerré mis ojos con todas mis fuerzas, me sentía extenuado mientras revisaba fervientemente mis recuerdos; de pronto todo se oscureció.

Una imagen llegó a mí. Pude ver aquella cabaña en medio de la alta pradera, me encontraba sentado en el suelo siendo observado por una pareja de ancianos; corrí hacia el pequeño arrollo con la desesperación llenando mis pulmones, me arrojé sobre una roca cayendo en mis rodillas que sintieron un fuerte dolor, mire mis manos ensangrentadas que habían sido cambiadas por unas pequeñas y delicadas manitas, el miedo nublo mi visión y una lágrima rodó por mi mejilla, la limpié con el dorso de mi camiseta totalmente anonadado, esa sensación la recordaba perfectamente. Miré lentamente mi reflejo sobre la superficie del agua, y lo que encontré fue una cara inocente que miraba con mis duros y asustados ojos.

- Emmett cariño… ven aquí.- reconocí la voz del bosque de inmediato.

- Pero… yo…-dije confundido mientras intentaba buscar una respuesta para mis pensamientos.- oh un rato más ¿sí?-dije improvisando mientras que aquella mujer me sonreía.

- - Está bien querido… recuerda que debes tomar un baño antes de que llegue tu padre.- volvió a llamar la cantarina voz de mi madre.

Aquello fue lo último que oí antes de volver a aquel prado.



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