Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


36.- Goat Rocks.

lunes, 6 de julio de 2009

Cuando regresamos ya Alice y Edward estaban en casa, todos conversaban en el enorme salón mientras que yo estaba en la cochera preparando mi jeep junto a Rose para el trayecto a Goat Rocks.

Antes de la media noche ya todo estaba hecho; Subí corriendo las escaleras saltando algunos escalones y entre al vestidor para cambiar de ropa; tome del gran armario un pantalón deportivo negro y una camiseta ajustada color gris. Cuando salí Rosalie estaba esperándome sentada en nuestra cama; al verme se levantó suavemente y echo sus brazos a mi cuello.

-Que tengas un buen viaje cielo.- dijo en un susurro antes de besarme suavemente.

- ¿sin ti? Es prácticamente imposible.- dije acariciando su rostro y poniendo un beso en sus labios.

- ya te echo de menos.- dijo con un rastro de tristeza en su voz deshaciendo el lazo de sus brazos alrededor de mi cuello.

- y yo a ti cariño.- respondí suavemente rozando su nariz con la mía.

En ese momento Edward apareció en el recuadro de la puerta.

- Ey Emm… - comenzó a decir antes de avisar la presencia de Rosalie en la habitación.- oh… bueno…-continuó entrecortadamente.- está todo listo, cuando quieras salimos.- y volvió a desaparecer con una risilla nerviosa.

No pude evitar ahogar una carcajada ante la reacción de Edward, Rosalie me observo con una mirada un tanto dura y sonrió a mi par.

- bueno, parece que es hora… - dijo ella.

Bajamos la escalera en silencio tomados de la mano; al llegar al salón nos despidieron y partimos hacia el gran parque. Conduje mi jeep un largo rato a una velocidad que sobrepasaba todos los límites de cualquier estado; debíamos llegar antes de la salida del sol e internarnos en el gran bosque de la reserva.

Luego de estacionar el auto entre la maleza corrimos un par de millas y nos detuvimos cerca de un pequeño arroyo. El bosque estaba lleno de grandes árboles muy juntos, haciendo que caminar a través de él fuese un tanto incomodo; los sauces enlazaban sus grandes raíces con los enormes robles, dándole al bosque una apariencia lúgubre.

- ¡Eah Emmett!- llamó Edward.- ¿Qué te parece esto eh? – dijo señalando una gran mancha de fango. Me acerqué perezosamente y observé una gran huella de Oso marcada en el barro.

- ¡oh! Genial.- dije con una risilla maliciosa mientras saboreaba mis labios con la punta de mi lengua.

Seguimos el rastro de huellas fangosas y ramas rotas durante un corto trecho, hasta qué un crujido seco se dejo oír; sonreí y subí a una gruesa rama de sauce mientras que el gran animal pasaba debajo de mí. Olfateó el aire con su gran nariz y movía la cabeza con nerviosismo; con un salto rápido le enfrenté, nunca había visto un animal con esas dimensiones, era el oso más grande que había visto y esa idea me hizo sonreír.

El animal se adelantó hacia mí, irguiéndose en sus patas traseras; de pronto una de sus grandes zarpas pasó zumbando a través del aire muy cerca de mi rostro. Luego de esquivar algunos golpes y zarpazos, me acerqué a él y con un salto me coloqué en su espalda, trepando en su pelaje hasta llegar a su cuello. El oso trataba desesperadamente de deshacerse de mí sacudiéndose y retorciéndose, hasta que con un crujido sordo proveniente de su cuello hizo que su cuerpo se desplomase en el suelo con un golpe que estremeció el bosque.

- ¡Eah! Fue divertido.- dije complacido levantando el gran cuerpo del suelo. Edward bajó del árbol donde estaba escondido mientras que yo me alimentaba de mi nueva presa.

Luego de un rato de caminar por el bosque escuchamos un gruñido, el cuerpo de Edward se estremeció como si la adrenalina corriese por él; me situé en una alta rama de un pino que media unos veinte metros mientras que Ed se acercaba sigilosamente al felino; éste al advertir su presencia se viró mostrando sus colmillos, de pronto ambos corrieron hacia su adversario chocando con un golpe sordo en medio de su salto, el puma salió despedido hacia atrás cayendo sobre su espalda y levantándose de un brinco, agazapándose para abalanzarse sobre Edward de nuevo. Ed lo veía sonriente y burlón; de repente con un movimiento rápido se movió con gran avidez hacia el animal que se retorció al recibir el gran impacto en su costado derecho, Edward se abalanzó sobre él clavando los colmillos en su cuello e inmovilizándolo mientras se alimentaba.

Luego de alimentarnos caminamos hacia un gran río que discurría montaña abajo hasta llegar a la pequeña bahía. Lavamos nuestras manos y rostros, cubiertos por sangre seca y pegajosa y restos de la pelambre de los animales.

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