Bienvenidos a mi blog, aquí van a encontrar historias inspiradas en libros como Twilight y Harry Potter, además de otros relatos recién salidos de mi retorcida imaginación... Así que espero que los disfruten y no se pierdan las actualizaciones.


34.- Aroma Escarlata.

viernes, 3 de julio de 2009

Estuvimos en la habitación un largo rato, conversando y observando un gran álbum color dorado repleto de fotografías, regalo de Esme en nuestra última boda. Luego del anochecer bajamos al salón; Rosalie se reunió con Alice y Esme.

- ¡Emmett querido!- me llamó la voz cantarina de mi madre vampiro.- Los chicos dijeron que te llamase afuera, están en el jardín.- asentí con la cabeza y me dedico una gran sonrisa.

Al llegar al patio Edward y Jasper estaban jugando a las vencidas, mientras que Carlisle estaba riendo apoyado contra un alto pino.

- ¡Eah chicos!- los salude al llegar.

- ¡Ey Emm!- dijo Jazz volteándose para contestarme.

Edward aprovechó el momento de distracción y empujó el brazo de Jasper con tanta fuerza que la roca en la que se mantenían apoyados se partió en dos con un fuerte crujido. Carlisle y yo estallamos en carcajadas ante la cara de sorpresa de Jazz. Ed lo observó con su mejor cara de engreimiento sonriendo torcidamente por un momento y luego rompiendo en risas de jactancia. Jasper lo observo con ojos maliciosos y en menos de un segundo se abalanzó sobre él.

Edward, Jazz y yo pasamos un buen rato en el jardín, haciendo cada competencia que nos pasase y riendo a carcajadas con cada ocurrencia; mientras que Carlisle estaba en su estudio analizando historiales de pacientes y grandes libros de medicina. Luego del amanecer Esme nos llamó adentro para alistarnos e ir al instituto; entramos a regañadientes bajo su mirada maternal y en unos pocos minutos estuvimos reunidos de nuevo en el amplio salón. Alice y Jasper estaban sentados al pie de las impecables escaleras de mármol, ella tenía la cabeza apoyada en el hombro de él; Rose estaba sentada en una de mis piernas apoyando su cara entre sus manos. De pronto Alice se estremeció y llevó una de sus manos a la frente.

- ¿Qué pasa cariño?- preguntó Jasper un poco nervioso.

- Oh... no… bueno.- comenzó Alice con una apariencia medianamente confundida.- nada muy relevante, hoy harán las pruebas para saber los tipos de sangre… por el tema de la jornada de donación.

Al oír aquello los músculos del cuello de Jazz se tensaron y su mirada se dirigió rápidamente hacia Rosalie que lo miraba con fiereza; era notorio que aún no olvidaban lo acontecido aquel día en el salón de clases.

- ¡¡Genial!!.- dije en voz alta intentando romper el hielo.- ¡¡tarde libre!!- todos rieron y comentaban mientras caminamos hacia la cochera.

Aquel día el instituto tenía un olor particular que me hacía recordar los hospitales; era una mezcla entre el alcohol y otro olor que identifiqué como la aleación usada para las agujas. La jornada de donación de sangre sería muy pronto, literalmente podía sentirlo en el aire. Edward soltó una risilla y se situó a mi lado.

- Deberías enterarte de lo que piensan estos chicos.- dijo con un deje de diversión en su voz susurrante. Lo observé con una mirada confusa y continuó.- algunos se preguntan de qué color es nuestra sangre.- al oír esto solo pude estallar en carcajadas al unísono de Ed.

Jazz, Rose y yo debíamos atravesar el campus para llegar al último edificio, mientras que Alice y Edward solo tenían que dar un par de pasos para llegar a su salón de clases.

Luego de la primera hora el instituto se inundó en un tortuoso y sobretodo delicioso aroma a sangre humana, era muy difícil ignorarlo, incluso suponiendo que nuestras gargantas no ardían, nuestros pulmones no se quemaban ni nuestras bocas se inundaban de ponzoña con el simple hecho de respirar. No podía evitar virarme a cada segundo para observar a Jasper; este permanecía muy tenso con los ojos fijos en el gran pizarrón blanco; pero realmente quién me ponía los nervios de punta era Rosalie, se había sentado justo a la derecha del pobre de Jazz y lo miraba fijamente, como si creyese que si dejaba de observarlo pudiese devorar a alguien de un salto.

Las horas pasaban muy lentamente mientras que el olor cada vez se hacía más y más delicioso e insoportable. Cada bocanada de aire se hacía dolorosa, la sensación de ardor se extendía por mi pecho y se apresaba en mi garganta, en este momento me sentía más como un dragón que como un vampiro.

La campana del almuerzo fue como la gloria; los tres nos levantamos de un salto de nuestros asientos y salimos prácticamente a la carrera; caminamos lo más rápido que podíamos, evitando por sobre todas las cosas los salones donde las clases de biología habían tenido alguna participación. Al llegar a la cafetería los ojos de Rosalie casi saltaron de sus órbitas; Alice nos esperaba sentada en la mesa de costumbre, mientras que Edward estaba sentado completamente sólo en una mesa en el extremo opuesto de la larga estancia. Caminé extremadamente confundido hacia la mesa donde estaba Alice llamándonos con la mano mientras millones de preguntas pasaban por mi mente a la velocidad de la luz; pero sabía que todo esto tenía un solo significado: Isabella Swan.

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